Notas de Elena | Domingo 25 de septiembre 2016 | ¿Felices para siempre? | Escuela Sabática


Domingo 25 de septiembre: ¿Felices para siempre?
De acuerdo con su fe, fue tratado Job. “Me probará dijo, y saldré como oro”. Así ocurrió. Por medio de su paciente resistencia vindicó su propio carácter y de ese modo el carácter de Aquel de quien era representante. Y “quitó Jehová la aflicción de Job… y aumentó al doble todas las cosas que habían sido de Job… y bendijo Jehová el postrer estado de Job más que el primero” (Job 42:10 -12) (La educación, p. 156).
“Bienaventurado el pueblo cuyo Dios es Jehová” (Salmo 144:15).
Para hallar felicidad y paz en todo lo que emprendáis, debéis hacerlo para la gloria de Dios. Para sentir paz en el corazón, debéis tratar ardientemente de imitar la vida de Cristo. Entonces no habrá necesidad de aparentar alegría o de buscar placer en la satisfacción del orgullo y en las vanidades del mundo.
Gozaréis de una serenidad y felicidad en el bienhacer que jamás hubierais experimentado al seguir el mal. Jesús aceptó la naturaleza humana y pasó por la infancia, niñez y juventud para estar en condiciones de comprender a todos … Dado su amor, ha abierto una fuente de placer y gozo para el alma que confía en él… Os ruego que cultivéis seriamente el sentido de vuestra responsabilidad frente a Dios. Al tener conciencia de que hacéis lo que Dios puede aprobar, os sentiréis fuertes en su fortaleza; y al imitar al Modelo, lo mismo que él, creceréis en sabiduría y gracia para con Dios y los hombres.
Los que hacen de Dios lo primero, lo último y lo mejor, son el pueblo más feliz del mundo (Meditaciones matinales 1952, p. 166)
Los padres y las madres que ponen a Dios en primer lugar en su familia, que enseñan a sus hijos que el temor del Señor es el principio de la sabiduría, glorifican a Dios delante de los ángeles y delante de los hombres, presentando al mundo una familia bien ordenada y disciplinada, una familia que ama y obedece a Dios, en lugar de rebelarse contra él. Cristo no es un extraño en sus hogares; su nombre es un nombre familiar, venerado y glorificado. Los ángeles se deleitan en un hogar donde Dios reina supremo, y donde se enseña a los niños a reverenciar la religión, la Biblia y al Creador. Las familias tales pueden aferrarse a la promesa: “Yo honraré a los que me honran”. Y cuando de un hogar tal sale el padre a cumplir sus deberes diarios, lo hace con un espíritu enternecido y subyugado por la conversación con Dios.
Solo la presencia de Cristo puede hacer felices a hombres y mujeres.
Cristo puede transformar todas las aguas comunes de la vida en vino celestial. El hogar viene a ser entonces un Edén de bienaventuranza; la familia, un hermoso símbolo de la familia celestial (El hogar cristiano, pp. 23,24).
Escuela Sabática | Lección 1 | Para el 1 de octubre de 2016 | El fin | El libro de Job | Cuarto trimestre 2016 | Guía de Estudio de la Biblia – Maestros – Alumnos | Iglesia Adventista del Séptimo Día

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