Notas de Elena | Domingo 26 de febrero 2017 | El Espíritu Santo nos une con Cristo | Escuela Sabática


Domingo 26 de febrero: El Espíritu Santo nos une con Cristo
Cuando Jesús dijo: “yo soy el camino, y la verdad, y la vida”, pronunció una verdad de significado admirable. La transgresión del hombre había separado a la tierra del cielo, y al hombre finito del Dios infinito. Como una isla se separa de un continente, así la tierra fue apartada del cielo y un gran canal quedó entre el hombre y Dios. Jesús salvó ese abismo, e hizo un camino para que el hombre fuera a Dios. El que no tiene luz espiritual, no ve el camino, no tiene esperanza; y los hombres han originado teorías propias acerca del camino de la vida… Pero Jesús es el único nombre dado a los hombres por el que pueden ser salvos. A través del abismo provocado por el pecado vienen las palabras de Jesús: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida”. Cristo dijo: “El que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá y hallará pastos”. Juan 10:9. Alégrese la tierra, regocíjense los habitantes del mundo porque Cristo ha salvado el abismo abierto por el pecado y ha unido a la tierra con el cielo. Un camino se ha preparado para los redimidos del Señor. Todos los que están cansados y cargados pueden venir a él y hallar descanso para su alma. El peregrino puede viajar hacia las mansiones que él ha ido a preparar para todos los que le aman (That I May Know Him, p. 82; parcialmente en A fin de conocerle, p. 83).
Los apóstoles edificaron la iglesia de Dios sobre el fundamento que Cristo mismo había puesto. Frecuentemente se usa en las Escrituras la figura de la construcción de un templo para ilustrar la edificación de la iglesia. Zacarías señaló a Cristo como el Pimpollo que debía edificar el templo del Señor… Reyes y gobernantes, sacerdotes y magistrados, procuraron destruir el templo de Dios. Pero frente al encarcelamiento, tortura y muerte, hombres fieles llevaron la obra adelante; y la estructura creció hermosa y simétrica. A veces los trabajadores estaban casi cegados por la neblina de superstición que se levantaba en su derredor. Por momentos se encontraban casi abrumados por la violencia de sus opositores. Pero con fe firme y valor inquebrantable prosiguieron con la obra. Uno tras otro, los primeros edificadores cayeron a mano del enemigo. Esteban fue apedreado; Santiago, muerto por la espada; Pablo, decapitado; Pedro, crucificado; Juan, desterrado. A pesar de ello la iglesia crecía. Nuevos obreros tomaban el lugar de los que caían, y piedra tras piedra se colocaba en el edificio. Así, lentamente se levantaba el templo de la iglesia de Dios (Los hechos de los apóstoles, pp. 475-477).
En cada acto de la vida los cristianos deben representar a Cristo, hacer atractivo el servicio que le brindan. Ninguno haga repulsiva la religión mediante quejas y gesticulaciones y el relato de sus pruebas, abnegación y sacrificios personales. No nieguen su profesión de fe mediante la impaciencia, el mal genio y el descontento. Permitan que las gracias del Espíritu se manifiesten en bondad, humildad, paciencia, alegría y amor. Demuestren que el amor de Cristo es una motivación permanente; que la religión de ustedes no es un ropaje que se pone o se saca de acuerdo con las circunstancias, sino que es un principio sereno, constante e invariable. ¡Ay del que abriga orgullo, incredulidad y egoísmo, que como un cáncer consume la piedad vital del corazón de muchos profesos cristianos! (Reflejemos a Jesús, p. 360).
Notas de Elena para la Escuela Sabática | Lección 9 | Para el 4 de marzo de 2017 | El Espíritu Santo y la Iglesia | El Espíritu Santo y la Espiritualidad | Primer trimestre 2017 | Guía de Estudio de la Biblia – Maestros – Alumnos | Iglesia Adventista del Séptimo Día

(259)

DEJA UN COMENTARIO

Comentarios

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*