Domingo 27 de abril: El sábado: ¿judío? (Éxodo 20:8-11)
La institución del sábado, que tiene su origen en el Edén, es tan antigua como el mundo mismo. Ese día fue observado por todos los patriarcas, desde la creación en adelante. Durante su servidumbre en Egipto, los israelitas fueron obligados por sus amos a violar el sábado, y perdieron en gran parte el conocimiento de su santidad. Cuando se proclamó la ley en el Sinaí, las primeras palabras del cuarto mandamiento fueron: “Acuérdate de santificar el día de sábado”, lo cual demuestra que el sábado no se instituyó entonces; se señala su origen haciéndolo remontar a la creación.
Para borrar a Dios de la mente de los hombres, Satanás se propuso derribar este gran monumento recordativo. Si pudiera inducir a los hombres a olvidar a su Creador, ya no harían esfuerzos para resistir al poder del mal, y Satanás estaría seguro de su presa (Patriarcas y profetas, p. 349).
El sábado fue dado a la humanidad entera para conmemorar la obra de la creación. Después de colocar los fundamentos de la Tierra, después de vestir al mundo » te ro con su manto de hermosura, y de crear todas las maravillas de la tierra y el mar, el gran Jehová instituyó el día sábado y lo santificó. Cuando cantaban juntas las estrellas del alba, y todos los hijos de Dios daban voces de júbilo, el sábado fue apartado como un monumento divino. Dios santificó y bendijo el día durante el cual reposó de toda su obra admirable. Y este sábado santificado por Dios, debía guardarse como un pacto perpetuo. Era un monumento conmemorativo que debía perdurar durante todas las edades, hasta el fin de la historia terrenal. Dios rescató a los hebreos de su esclavitud egipcia, y les ordenó observar su sábado, y guardar la ley que había sido dada en el Edén. Realizó un milagro cada semana, con el fin de establecer en sus mentes el hecho de que al comienzo del mundo había instituido su sábado…
Hay quienes sostienen que el sábado fue dado únicamente para los judíos; pero Dios nunca dijo esto. Le confió su sábado a su pueblo Israel como un depósito sagrado; pero el mismo hecho de que eligiera el desierto de Sinaí, y no Palestina, para proel a mar su ley, revela que su propósito era dársela a toda la humanidad. La ley de los Diez Mandamientos es tan antigua como la creación. Por lo tanto, la institución del sábado no tiene ninguna relación especial con los judíos, que no tenga con todos los demás seres creados. Dios ha hecho que la observancia del sábado sea obligatoria para todos los seres humanos. “El sábado, se dice claramente, fue hecho para el hombre”. Por lo tanto, que cada persona que se encuentra en peligro de ser engañada en este punto escuche la Palabra de Dios en vez de las aseveraciones humanas…
Así como el árbol del conocimiento constituyó la prueba para la obediencia de Adán, la observancia del cuarto mandamiento es la prueba que Dios ha establecido para probar la lealtad de todo su pueblo. La experiencia de Adán seguirá siendo una amonestación para nosotros mientras el tiempo perdure.
Nos advierte que no recibamos ninguna instrucción de la boca de seres humanos ni de ángeles, que nos aparte una jota o una tilde de la sagrada Ley de Jehová (Exaltad a Jesús, p. 47).
http://escuelasabatica.es/

(296)

DEJA UN COMENTARIO

Comentarios

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*