Notas de Elena | Domingo 27 de agosto 2017 | Los fundamentos del pacto | Escuela Sabática

Domingo 27 de agosto: Los fundamentos del pacto
Así como la Biblia presenta dos leyes, una inmutable y eterna, la otra provisional y temporaria, así también hay dos pactos. El pacto de la gracia se estableció primeramente con el hombre en el Edén, cuando después de la caída se dio la promesa divina de que la simiente de la mujer heriría a la serpiente en la cabeza. Este pacto puso al alcance de todos los hombres el perdón y la ayuda de la gracia de Dios para obedecer en lo futuro mediante la fe en Cristo. También les prometía la vida eterna si eran fieles a la ley de Dios. Así recibieron los patriarcas la esperanza de la salvación (Patriarcas y profetas, p. 386).
Cristo no disminuye las exigencias de la ley. En un lenguaje inconfundible, presenta la obediencia a ella como la condición de la vida eterna: la misma condición que se requería de Adán antes de su caída. El Señor no espera menos del alma ahora que lo que esperó del hombre en el paraíso: perfecta obediencia, justicia inmaculada. El requisito que se ha de llenar bajo el pacto de la gracia es tan amplio como el que se exigía en el Edén: la armonía con la ley de Dios, que es santa, justa y buena (Palabras de vida del gran Maestro p. 322).
Las bendiciones del nuevo pacto están basadas únicamente en la misericordia para perdonar iniquidades y pecados. El Señor especifica: Haré así y así con todos los que se vuelven a mí abandonando el mal y escogiendo el bien. “Seré propicio a sus injusticias, y nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades”. Todos los que humillan su corazón confesando sus pecados, hallarán misericordia, gracia y seguridad. Al mostrar misericordia al pecador, ¿ha cesado Dios de ser justo? ¿Ha deshonrado su santa ley, y de aquí en adelante pasará por alto la violación de ella? Dios es constante. No cambia. Las condiciones de la salvación son siempre las mismas. Vida, vida eterna para todos los que quieran obedecer la ley de Dios…
Las condiciones por las cuales puede ganarse la vida eterna bajo el nuevo pacto, son las mismas que había bajo el antiguo pacto: perfecta obediencia. Bajo el antiguo pacto había muchas culpas de carácter atrevido e insolente para las cuales no había una expiación especificada por la ley, si lo reciben por fe como Salvador personal. “A todos los que le recibieron… les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”. Misericordia y perdón son la recompensa de todos los que vienen a Cristo confiando en los méritos de él para que quite sus pecados. En el mejor pacto somos limpiados del pecado por la sangre de Cristo (Comentario de Elena G. de White, en Comentario bíblico adventista, t 7, p. 943).

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