Notas de Elena | Domingo 30 de octubre 2016 | Las grandes preguntas | Escuela Sabática


Domingo 30 de octubre: Las grandes preguntas
En todas nuestras pruebas se nos invita a buscar fervientemente al Señor, recordando que somos propiedad de él, hijos suyos por adopción. Ningún ser humano puede comprender nuestras necesidades como Cristo. Si se la pedimos con fe, recibiremos su ayuda. Le pertenecemos por creación, y también somos suyos por redención. Mediante las cuerdas del amor divino estamos sujetos a la Fuente de todo poder y fortaleza. Si tan solo dependiéramos de Dios, pidiéndole lo que deseamos como el niñito le pide a su padre lo que quiere, obtendríamos una rica experiencia. Así aprenderíamos que Dios es la fuente de toda fortaleza y poder.
Si al pedir, usted no experimenta de inmediato un sentimiento especial, no piense que su oración no ha sido contestada. Aquel que dijo: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá”, lo oirá y le contestará. Entonces, deje que su Palabra sea su confianza, pida y busque y goce del privilegio de descubrir que Cristo lo ha animado. El dice: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros el yugo de la restricción y la obediencia, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas” (S. Mateo 11:28, 29).
Hallaremos descanso llevando su yugo y soportando sus cargas. Encontraremos reposo verdadero al ser colaboradores con Cristo en la grandiosa obra por la cual vino a dar su vida. El dio su vida por nosotros cuando todavía éramos pecadores. Su deseo es que acudamos a él para aprender de él. De ese modo experimentaremos descanso. Él prometió hacemos descansar. Entonces, no coloque sus cargas sobre ningún otro ser humano. “Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón”. Al hacerlo, usted descubrirá por experiencia propia la clase de descanso que Cristo concede, el reposo que proviene de llevar su yugo y levantar sus cargas (Exaltad a Jesús, p. 49).
De igual importancia es hoy que el pueblo de Dios recuerde los lugares y circunstancias en que fue probado, en que su fe desfalleció, en que hizo peligrar su causa por su incredulidad y confianza en sí mismo. La misericordia de Dios, su providencia, sus libramientos inolvidables deben ser recordados uno tras otro. A medida que el pueblo de Dios repase así lo pasado, debe comprender que el Señor repite su trato. Debe prestar atención a las advertencias que le son dadas y guardarse de volver a caer en las mismas faltas. Renunciando a toda confianza en sí mismos, los hijos de Dios deben confiar en él para que los guarde del pecado que podría deshonrar su nombre. Cada vez que Satanás obtiene una victoria, hay almas que peligran; algunos caen bajo sus tentaciones y no pueden recuperarse. Avancen con prudencia los que hayan cometido alguna falta, y a cada paso oren como el salmista: “Sustenta mis pasos en tus caminos, para que mis pies no resbalen” (Salmo 17:5). (es)
Dios manda pruebas para saber quiénes permanecerán fieles cuando se hallen expuestos a la tentación. Coloca a cada uno en situaciones difíciles para ver si confiará en una potencia superior. Cada uno posee rasgos de carácter todavía ignorados y que deben ser puestos en evidencia por la prueba. Dios permite que aquellos que confían en sí mismos sean gravemente tentados, a fin de que puedan comprender su incapacidad (Testimonios para la iglesia, t. 7, p. 201).
Escuela Sabática | Lección 6 | Para el 5 de noviembre de 2016 | La maldición ¿sin causa? | El libro de Job | Cuarto trimestre 2016 | Guía de Estudio de la Biblia – Maestros – Alumnos | Iglesia Adventista del Séptimo Día

(231)

Comments

Comentarios

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*