Domingo 4 de enero; ¡Oíd!
“Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna”. Escudriñar significa buscar diligentemente algo que se ha perdido. Investigad los tesoros escondidos en la Palabra de Dios. No podéis pasar sin ellos. Estudiad los pasajes difíciles, comparando versículo con versículo, y hallaréis que la Escritura es la llave que abre la Escritura.
Los que estudian la Biblia con oración, salen de cada investigación más sabios que antes. Algunas de sus dificultades han sido resueltas porque el Espíritu Santo ha hecho la obra de la cual se, habla en el capítulo catorce de Juan: “El Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho”. Sin esfuerzo ferviente, perseverante, no se obtiene nada que valga la pena. En asuntos de negocios, solo aquellos que tienen voluntad de hacer una cosa, tienen buen éxito. No podemos esperar obtener un conocimiento de las cosas espirituales sin trabajo afanoso y ferviente. Los que obtienen las joyas de la verdad tienen que cavar por ellas como el minero cava para sacar el oro precioso oculto en la tierra.
Nunca tendrán éxito los que trabajan indiferentemente y sin entusiasmo. Tanto los jóvenes como los ancianos debieran leer la Palabra de Dios, y no solo debieran leerla sino estudiarla con diligente fervor, orando, creyendo e investigando. De este modo hallarán el tesoro escondido, pues el Señor avivará su entendimiento (Mensajes para los jóvenes, p. 257, 258).
Esta parábola ilustra el valor del tesoro celestial y el esfuerzo que deberíamos hacer para obtenerlo. El que encontró el tesoro en el campo estaba listo para abandonar todo lo que tenía y realizar una labor incansable, a fin de obtener las riquezas ocultas. Así el que halla el tesoro celestial no debe considerar ningún trabajo demasiado grande y ningún sacrificio demasiado caro para ganar los tesoros de la verdad.
En la parábola, el campo que contiene el tesoro representa las Sagradas Escrituras. Y el evangelio es el tesoro. La tierra misma no se halla tan entretejida de vetas de oro ni está tan llena de cosas preciosas como sucede con la Palabra de Dios.
Se dice que los tesoros del evangelio están escondidos. Aquellos que son sabios en su propia estima, los que están hinchados por la enseñanza de la vana filosofía, no perciben la hermosura, el poder y el misterio del plan de la redención. Muchos tienen ojos, pero no ven; tienen oídos, pero no oyen; tienen intelecto, pero no disciernen el tesoro escondido (Palabras de vida del Gran Maestro, p. 76).
escuelasabatica.es

(306)

DEJA UN COMENTARIO

Comentarios

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*