Domingo 5 de octubre: La fe que perdura

Es la fe la que familiariza al alma con la existencia y la presencia de Dios; y cuanto más vemos su gloria, tanto más discernimos la belleza de su carácter. Nuestras almas se toman más fuertes en poder espiritual; respiramos la atmósfera del cielo; comprendemos que Dios está a nuestra diestra y no seremos conmovidos. La fe ve que Dios es testigo de cada palabra y cada acción y que todo es manifiesto en su presencia, y por lo tanto vivimos como en la presencia del Infinito (Review and Herald, 24 de enero de 1888).
Las vicisitudes más difíciles de la vida cristiana deberían ser las que proporcionen mayores bendiciones. Las providencias especiales recibidas en las horas lóbregas deben animar al alma en los futuros ataques de Satanás, y prepararla para que permanezca firme en las fieras pruebas. La prueba de nuestra fe es más preciosa que el oro. Pero para soportar las pruebas debemos tener esa fe, esa confianza en Dios que no será conmovida por los argumentos y las tentaciones del engañador. Tomemos como segura la palabra del Señor; estudiemos sus promesas y apropiémonos de ellas. “La fe es por el oír, y el oír, por la Palabra de Dios” (Romanos 10:17). Feliz aquella alma que, cuando es tentada, se encuentra rica en el conocimiento de las Escrituras y se escuda en las promesas de Dios. Necesitamos esa fe perdurable y calmada, esa valentía moral que solo Cristo puede dar, a fin de estar capacitados para enfrentar las pruebas y fortalecidos para cumplir con nuestro deber.
Mientras estemos en la tierra no hay posibilidad de evitar los conflictos y las tentaciones, pero en cada tormenta podemos hallar seguro refugio. Cristo nos ha dicho: “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33). Las fuerzas satánicas están alistadas contra nosotros y el enemigo es persistente; pero si escuchamos las palabras de Cristo estaremos seguros: “Velad y orad, para que no entréis en tentación” (Mateo 26:41). Hay enemigos que deben ser resistidos y vencidos, pero Jesús está a nuestro lado para fortalecemos en cada ataque. “Y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe” (1 Juan 5:4). La fe ve a Jesús como Mediador a la diestra de Dios; contempla las mansiones que él ha ido a preparar para los que le aman; ve el manto y la corona preparados para el vencedor; escucha la canción de los redimidos y admira las glorias eternas. Al acercamos a Jesús y obedecerle por amor veremos al Rey en su hermosura. Hay paz en creer y hay gozo en el Espíritu. ¡Cree! ¡Cree! Mi alma exclama: ¡Cree! ¡Descansa en Dios! Él es capaz de guardar aquello que se le ha confiado hasta aquel día, y hacemos más que vencedores por medio de Aquel que nos amó.
No obstante, recordemos que todos aquellos que estarán vestidos para las bodas, habrán venido de la gran tribulación. Las poderosas oleadas de la tentación golpearán a todos. Pero la larga noche de espera, de trabajos y dificultades, está cerca de concluir. Pronto Cristo vendrá. ¡Preparémonos! Los ángeles de Dios están tratando de separamos de las cosas terrenales; no dejemos que trabajen en vano. Fe, una fe viva, es lo que necesitamos; esa fe que obra por amor y purifica el alma. Pon tu vista en la cruz del Calvario y en el infinito sacrificio que hizo por nosotros. Ahora Jesús nos invita a venir a él, tal como somos, y hacer de él nuestra fuerza y nuestro Amigo eterno (Review and Herald, 17 de abril de 1894).
www.EscuelaSabatica.es

(2838)

DEJA UN COMENTARIO

Comentarios

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*