Domingo 6 de abril:
La circuncisión y la dedicación (S. Lucas 2:21-24)
Como cuarenta días después del nacimiento de Jesús, José y María le llevaron a Jerusalén, para presentarle al Señor y ofrecer sacrificio. Ello estaba de acuerdo con la ley judaica, y como substituto del hombre, Jesús debía conformarse a la ley en todo detalle.
Ya había sido sometido al rito de la circuncisión, en señal de su obediencia a la ley.
Como ofrenda a favor de la madre, la ley exigía un cordero de un año como holocausto, y un pichón de paloma como ofrenda por el pecado. Pero la ley estatuía que si los padres eran demasiado pobres para traer un cordero, podía aceptarse un par de tórtolas o de pichones de palomas, uno para holocausto y el otro como ofrenda por el pecado.
Las ofrendas presentadas al Señor debían ser sin mácula.
Estas ofrendas representaban a Cristo, y por ello es evidente que Jesús mismo estaba exento de toda deformidad física. Era el “cordero sin mancha y sin contaminación”. Su organismo físico no era afeado por defecto alguno; su cuerpo era sano y fuerte. Y durante toda su vida vivió en conformidad con las leyes de la naturaleza. Tanto física como espiritualmente, era un ejemplo de lo que Dios quería que fuese toda la humanidad mediante la obediencia a sus leyes.
La dedicación de los primogénitos se remontaba a los primeros tiempos. Dios había prometido el Primogénito del cielo para salvar al pecador. Este don debía ser reconocido en toda familia por la consagración del primer hijo. Había de ser dedicado al sacerdocio, como representante de Cristo entre los hombres (El Deseado de todas las gentes, p. 34).
“¿No os dio Moisés la ley, y ninguno de vosotros cumple la ley? ¿Por qué procuráis matarme?” (S. Juan 7:19). Esta acusación penetró en la conciencia culpable de los fariseos y gobernantes, pero solo aumentó su ira. Que este hombre humilde expusiera ante el pueblo la secreta iniquidad de sus vidas, era algo difícil de soportar. Sin embargo trataron de mantener sus propósitos sin revelarlos, evadiendo la pregunta de Jesús, y exclamando: “Demonio tienes; ¿quién procura matarte?” Con esta declaración insinuaban que todas las maravillosas obras que Jesús realizaba eran hechas mediante los malos espíritus, a la vez que trataban de desviar de la mente de la gente la acusación de Jesús de que trataban de quitarle la vida.

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1 Comment

  • ada calnick 3 years ago

    Necesito si es posible me envíen las lecciones de escuela sabatica y los comentarios.Bendiciones ada.