Notas de Elena | Domingo 7 de agosto 2016 | Jonás en Nínive | Escuela Sabática


Domingo 7 de agosto: Jonás en Nínive
“Y gimiendo en su espíritu, dice: ¿Por qué pide señal esta generación?” “Mas señal no le será dada, sino la señal de Jonás profeta”. Como Jonás había estado tres días y tres noches en el vientre de la ballena, Cristo había de pasar el mismo tiempo “en el corazón de la tierra”. Y como la predicación de Jonás era una señal para los habitantes de Nínive, la predicación de Cristo era una señal para su generación. Pero, ¡qué contraste en la manera de recibir la palabra! Los habitantes de la gran ciudad pagana temblaron al oír la amonestación de Dios. Reyes y nobles se humillaron; encumbrados y humildes juntos clamaron al Dios del cielo, y su misericordia les fue concedida. “Los hombres de Nínive se levantarán en el juicio con esta generación —había dicho Cristo— y la condenarán; porque ellos se arrepintieron a la predicación de Jonás; y he aquí más que Jonás en este lugar”
Cada milagro que Cristo realizaba era una señal de su divinidad. El estaba haciendo la obra que había sido predicha acerca del Mesías, pero para los fariseos estas obras de misericordia eran una ofensa positiva. Los dirigentes judíos miraban con despiadada indiferencia el sufrimiento humano. En muchos casos, su egoísmo y opresión habían causado la aflicción que Cristo aliviaba. Así que sus milagros les eran un reproche.
Lo que indujo a los judíos a rechazar la obra del Salvador era la más alta evidencia de su carácter divino. El mayor significado de sus milagros se ve en el hecho de que eran para bendición de la humanidad. La más alta evidencia de que él provenía de Dios estriba en que su vida revelaba el carácter de Dios. Hacia las obras y pronunciaba las palabras de Dios. Una vida tal es el mayor de todos los milagros (El Deseado de todas las gentes, p. 373).
Cuando el Hijo del hombre entró triunfalmente en Jerusalén. ellos esperaban que fuese coronado rey. La gente acudió de toda la comarca
circunvecina, y clamaba: “¡Hosanna al Hijo de David!” (S. Mateo 21:9). Y cuando los sacerdotes y ancianos rogaron a Jesús que hiciese callar la multitud, él declaró que si ésta callaba, las piedras mismas clamarían, pues la profecía se había de cumplir. Sin embargo, a los pocos días, estos mismos discípulos vieron que su amado Maestro, acerca de quien ellos creían que iba a reinar sobre el trono de David, estaba pendiente de la cruenta cruz por encima de los fariseos que lo escarnecían y denostaban. Sus elevadas esperanzas quedaron chasqueadas, y los envolvieron las tinieblas de la muerte. Sin embargo. Cristo fue fiel a sus promesas. Dulce fue el consuelo que dio a los suyos, rica la recompensa de los veraces y fieles (Notas biográficas, p. 69).
Lloró sobre Jerusalén, la ciudad amada que rehusó recibirlo, a él, el Camino, la Verdad y la Vida. Habían rechazado al Salvador, mas él los consideraba con piadosa ternura. La suya fue una vida de abnegación y verdadera solicitud por los demás. Toda alma era preciosa a sus ojos. A la vez que siempre llevaba consigo la dignidad divina, se inclinaba con la más tierna consideración hacia cada uno de los miembros de la familia de Dios. En todos los hombres veía almas caídas a quienes era su misión salvar.
Tal es el carácter de Cristo como se revela en su vida. Este es el carácter de Dios. Del corazón del Padre es de donde manan los ríos de compasión divina, manifestada en Cristo para todos los hijos de los hombres. Jesús el tierno y piadoso Salvador, era Dios “manifestado en la carne” (1 Timoteo 3:16) (El camino a Cristo, pp. 10, 11).
Notas de Elena para la Escuela Sabática | Lección 7 para el 13 de agosto de 2016 | Jesús deseaba su bien | Tercer trimestre 2016 | El papel de la iglesia en la comunidad

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