Domingo 9 de noviembre: Responsabilidad

Dios requiere de aquellos a quienes se les ha dado un cometido sagrado, que se eleven a la altura de su responsabilidad. Todos están en el mundo y deben pasar la prueba. Especialmente aquellos que ocupan posiciones de responsabilidad deben ser cuidadosos de no exaltarse a sí mismos sino a su Hacedor, y no usar su poder para oprimir a sus prójimos.

Cuanto mayor sea la responsabilidad, tanto mayor será el requerimiento. El siervo fiel dará un servicio pleno y voluntario a Aquel que ha sido el mayor Maestro que el mundo haya conocido. Sus ideas y principios se mantendrán puros mediante el poder de Dios, y cada día buscará ser digno de los cometidos que se le han confiado. Su carácter no se contaminará por la influencia de amigos, parientes o vecinos. En ocasiones tendrá que retirarse de sus actividades para estar en comunión con Dios y escuchar su voz que le diga: “Este es el camino, andad por él”.
En la persona que ama a Dios aparecerán los frutos del Espíritu como aparecen los racimos de uvas en la vid viviente. Cristo será su fuerza y su fortaleza. Comprenderá que no puede hacer nada si Cristo no está a su lado. Entonces le pedirá sabiduría, practicará sus lecciones, y les mostrará a sus asociados que Cristo mora en él. Cuanto más responsabilidades tenga, tanto más le pedirá a Dios que pueda revelar esa fe viviente que obra por amor y purifica el alma (Special Testimonies for Ministers and Workers, pp. 30, 31). Al maestro le ha sido confiada una obra muy importante, una obra a la cual no debe dedicarse sin una preparación cuidadosa y cabal. Debe sentir el carácter sagrado de su vocación, y dedicarse a ella con celo y devoción. Cuanto más conocimiento verdadero tenga, tanto mejor hará su obra. El aula de clase no es lugar para hacer una obra superficial. Ningún maestro que se satisfaga con un conocimiento superficial alcanzará un alto grado de eficiencia. Pero no basta que el maestro posea capacidad natural y cultura intelectual. Estas cosas son indispensables, pero sin una idoneidad espiritual para el trabajo, no está preparado para dedicarse a él. Debe ver en todo alumno la obra de Dios, un candidato para honores inmortales. Debe procurar educar, preparar y disciplinar de tal manera a los jóvenes, que cada uno de ellos pueda alcanzar la alta norma de excelencia a la cual Dios los llama (Consejos para los maestros, p. 218).
Busquen los padres al Señor con fervor intenso, para que no sean piedras de tropiezo en el camino de sus hijos. Desalójense del corazón la envidia y los celos y que la paz de Cristo venga a reemplazarlos para unir a los miembros de la iglesia en verdadera comunión cristiana. Ciérrense las ventanas del alma a los ponzoñosos miasmas de la tierra y ábranse hacia el cielo para recibir los rayos sanadores del sol de la justicia de Cristo (Joyas de los testimonios, tomo 2, pp. 460, 461).
Tengo un mensaje especial para los padres. Se me encargó comunicarles los estrictos requerimientos de Dios en cada familia. Es menester que padres y madres se reconviertan diariamente en cuanto a traer luz a sus propias familias. Cultiven la amabilidad cristiana en la instrucción de sus hijos… Velen y oren, padres y madres, no sea que entren en tentación. Entre guen sus corazones, mentes y almas al servicio del Señor. No han de ser severos, sino arrodillarse ante el Señor con sus propios corazones enternecidos por su gracia. Conviértanse para que puedan recibir la aprobación del Espíritu Santo. Qué alivio saber que el Señor los ayudará en toda emergencia, puesto que son obreros juntamente con él (Alza tus ojos, p. 300).

(554)

DEJA UN COMENTARIO

Comentarios

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*