Notas de Elena | Domingo 9 de septiembre 2018 | Encuentro con los dirigentes de Jerusalén | Escuela Sabática

Domingo 9 de septiembre: Encuentro con los dirigentes de Jerusalén
Podemos esperar que se recurra a toda suerte de ideas y que se las mezcle con la sana doctrina; pero mediante un discernimiento claro y espiritual, mediante la unción celestial, debemos distinguir entre lo sagrado y lo común, lo cual se incluye para confundir la fe y el sano juicio, y para restarle mérito a las grandes y augustas verdades que debieran ser normas para este tiempo…
Nunca, nunca hubo un tiempo cuando la verdad haya sufrido más al ser tergiversada, disminuida, desmerecida por medio de hombres perversos y contenciosos, como en estos últimos días… La gente queda cautivada con algo extraño, nuevo y no tiene una sabia experiencia para discernir el carácter de las ideas que los hombres pueden forjar como si fueran importantes. Pero pretender que eso es algo de gran magnitud y unirlo con los oráculos de Dios, no lo convierte en verdad (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 6, p. 1064).
Jesús mismo nunca compró la paz por la transigencia. Su corazón rebosaba de amor por toda la familia humana, pero nunca fue indulgente con sus pecados. Amaba demasiado a los seres humanos para guardar silencio mientras éstos seguían una conducta funesta para sus almas, las almas que él había comprado con su propia sangre. Él trabajaba para que el hombre fuese fiel a sí mismo, fiel a su más elevado y eterno interés. Los siervos de Cristo son llamados a hacer la misma obra, y deben velar, no sea que al tratar de evitar la discordia, traicionen la verdad. Han de seguir “lo que hace a la paz” [Romanos 14:19], pero la verdadera paz no puede obtenerse traicionando los buenos principios. Y ningún hombre puede ser fiel a estos principios sin excitar oposición. Un cristianismo espiritual recibirá la oposición de los hijos de la desobediencia. Pero Jesús dijo a sus discípulos: “No temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar”. Los que son fieles a Dios no necesitan temer el poder de los hombres ni la enemistad de Satanás. En Cristo está segura su vida eterna. Lo único que han de temer es traicionar la verdad, y así el cometido con que Dios los honró (El Deseado de todas las gentes, p. 322).
El Señor, con sus ojos puestos en la iglesia, ha permitido una vez tras otra que las cosas lleguen a un punto crítico con el fin de que su pueblo, en su necesidad extrema, busque únicamente su ayuda. Sus oraciones, su fe, juntamente con su firme propósito de ser fieles, han requerido la intervención de Dios, y él ha cumplido su promesa: “Entonces invocarás, y te oirá Jehová; clamarás, y dirá él: Heme aquí” [Isaías 58:9]
Lo que necesitamos en este tiempo de peligro son oraciones fervorosas mezcladas con una fe intensa, y confianza en Dios cuando Satanás arroja sus sombras sobre el pueblo de Dios. Todos deben recordar que Dios se complace en escuchar las súplicas de su pueblo, porque la iniquidad prevaleciente exige oraciones más fervorosas, y Dios ha prometido que vengará a sus elegidos que claman a él día y noche, aun cuando él sea paciente con los impíos (Mensajes selectos, t. 2, p. 427).
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Escuela Sabática – lección 11 – Notas de Elena
Esta semana estudiaremos la lección 11 – Arresto en Jerusalén
Para el 15 de septiembre del 2018
Lecciones de Escuela Sabática – Tercer trimestre 2018
EL LIBRO DE HECHOS
Narración: Maira Fermin

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