Notas de Elena | Jueves 11 de agosto 2016 | La iglesia centrada en otros | Escuela Sabática


Jueves 11 de agosto: La iglesia centrada en otros
El amor a sí mismo es lo que trae inquietud. Cuando hayamos nacido de lo alto, habrá en nosotros el mismo sentir que hubo en Jesús, el sentir que le indujo a humillarse a fin de que pudiésemos ser salvos. Entonces no buscaremos el puesto más elevado. Desearemos sentamos a los pies de Jesús y aprender de él. Comprenderemos que el valor de nuestra obra no consiste en hacer ostentación y mido en el mundo, ni en ser activos y celosos en nuestra propia fuerza. El valor de nuestra obra está en proporción con el impartimiento del Espíritu Santo. La confianza en Dios trac otras santas cualidades mentales, de manera que en la paciencia podemos poseer nuestras almas.
El yugo se coloca sobre los bueyes para ayudarles a arrastrar la carga, para aliviar esa carga. Así también sucede con el yugo de Cristo. Cuando nuestra voluntad esté absorbida en la voluntad de Dios, y empleemos sus dones para beneficiar a otros, hallaremos liviana la carga de la vida. El que anda en el camino de los mandamientos de Dios, anda en compañía de Cristo, y en su amor el corazón descansa (El Deseado de todas las gentes, p. 298).
Nuestras iglesias tienen que hacer una obra de la cual muchos no tienen idea, una obra apenas iniciada. ‘”Porque tuve hambre —dice Cristo— y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; estuve en la cárcel, y vinisteis a mí”(S. Mateo 25:35,36). Algunos piensan que todo lo que se espera de ellos es que den dinero para esta obra; pero están en un error. El dinero donado no puede reemplazar el ministerio personal. Es bueno que demos de nuestros recursos, y muchos más debieran hacerlo; pero se requiere de todos un servicio personal de acuerdo a sus fuerzas y oportunidades.
La obra de atender a los menesterosos, los oprimidos, los dolientes, los indigentes, es la obra que cada iglesia que cree la verdad para este tiempo debiera haber estado haciendo desde hace mucho. Debemos manifestar la tierna simpatía del samaritano y suplir las necesidades físicas, alimentar a los hambrientos, traer a los pobres sin hogar a nuestras casas, pedir a Dios cada día la gracia y la fuerza que nos habiliten para llegar a las mismas profundidades de la miseria humana y ayudar a quienes no pueden ayudarse. Cuando hacemos esta obra, encontramos el momento oportuno para presentar a Cristo crucificado.
Cada miembro de la iglesia debe considerar que tiene el deber especial de trabajar por los que viven en su vecindario. Estudiad la mejor manera de ayudar a los que no tienen interés en las cosas religiosas. Mientras visitáis a vuestros amigos y vecinos, manifestad interés en su bienestar espiritual, tanto como en el temporal. Presentad a Cristo como el Salvador que perdona el pecado. Invitadlos a vuestra casa, y leed con ellos la preciosa Biblia y los libros que explican sus verdades. Esto, unido a himnos sencillos y oraciones fervientes, conmoverá su corazón. Enséñese a los miembros de la iglesia a hacer esta obra (Testimoniospara la iglesia, tomo 6, p. 278).
Viernes 12 de agosto: Para estudiar y meditar
El Deseado de todas las gentes, pp. 477-481.

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