Jueves 11 de julio: La oración efectiva
Las misericordias de Dios os rodean en todo momento, y sería provechoso que consideraseis cómo y de dónde vienen cada día vuestras bendiciones. Despierten las preciosas bendiciones de Dios la gratitud en vosotros. No podéis contar las bendiciones de Dios, la constante bondad amorosa que os muestra, pues son tan numerosas como las refrescantes gotas de la lluvia. Se ciernen sobre vosotros nubes de misericordia listas para precipitarse sobre vosotros. Si queréis apreciar el valioso don de la salvación, seréis sensibles al refrigerio diario, a la protección y el amor de Jesús; seréis guiados por el camino de la paz (Mensajes para los jóvenes, p. 407).
Hasta entonces los discípulos no conocían los recursos y el poder limitado del Salvador. Él les dijo: “Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre”. Explicó que el secreto de su éxito consistiría en pedir fuerza y gracia en su nombre. Estaría delante del Padre para pedir por ellos. La oración del humilde suplicante es presentada por él como su propio deseo en favor de aquella alma. Cada oración sincera es oída en el cielo. Tal vez no sea expresada con fluidez; pero si procede del corazón ascenderá al Santuario donde Jesús ministra, y él la presentará al Padre sin balbuceos, hermosa y fragante con el incienso de su propia perfección (El Deseado de todas las gentes, p. 620).
Que Dios sea nuestro consejero; que con mansedumbre y humildad nuestros corazones asciendan a Dios en oración ferviente y efectiva, pidiendo discernimiento espiritual, claridad de mente y el único propósito de glorificar a Dios y salvar al ser humano. Que nuestras oraciones se eleven con labios no fingidos, pidiendo la presencia de Cristo y la iluminación del Espíritu, a fin de que la atmósfera del cielo pueda rodearnos, y que el yo y sus propósitos egoístas no se interpongan en nuestra vida. Si nos acercamos a Dios, él se acercará a nosotros (Signs of the Times, 23 de marzo de 1888).
Nuestras oraciones son como cartas enviadas desde la tierra, dirigidas a nuestro Padre en los cielos. Las peticiones que ascienden de los corazones sinceros y humildes seguramente negarán hasta él. Él puede discernir la sinceridad de sus hijos adoptados.
Él tiene piedad de nuestras debilidades y fortalece nuestras flaquezas. Él dijo: “Pedid, y recibiréis”.
Muchos (de los miembros) de la familia humana no saben lo que deberían pedir como debieran. Pero el Señor es bondadoso y tierno. Él alivia sus flaquezas dándoles palabras para hablar. El que acude con deseo santificado tiene acceso mediante Cristo al Padre. Cristo es nuestro Intercesor. Las oraciones que se ponen en el incensario de oro de los méritos del Salvador son aceptadas por el Padre.
Toda promesa que está en la Palabra de Dios es nuestra. En vuestras oraciones haced referencia a la palabra empeñada por Jehová y por la fe reclamad sus promesas. Su palabra es la garantía de que si pedís con fe recibiréis toda bendición espiritual. Seguid pidiendo y recibiréis abundantemente mucho más allá de lo que pidáis o penséis. Acostumbraos a tener confianza ilimitada en Dios. Echad todo vuestro cuidado sobre él. Esperad en él pacientemente y el hará.
Debemos buscar “primeramente el reino de Dios y su justicia” (S. Mateo 6: 33). Debemos estar listos a recibir la bendición que Dios otorga a aquellos que lo buscan de todo corazón, en sinceridad y verdad. Debemos mantener abierto el corazón si queremos recibir la gracia de Cristo (En lugares celestiales, p. 71).

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