Notas de Elena | Jueves 11 de junio 2015 | Testigos | Escuela Sabática


 Jueves 11 de junio:

Testigos

El último acto de Cristo antes de dejar esta tierra consistió en comisionar a sus embajadores para ir al mundo con su verdad. Sus últimas palabras tuvieron el propósito de impresionar a los discípulos con el pensamiento de que a ellos se les había confiado en custodia el mensaje del cielo para el mundo. En obediencia al mandato del Señor, los discípulos regresaron a Jerusalén y esperaron allí el prometido derramamiento del Espíritu Santo. Hubo inteligencias celestiales que cooperaron con ellos y otorgaron poder al mensaje que llevaban. El Espíritu Santo dio eficacia a sus esfuerzos misioneros, y en una ocasión tres mil se convirtieron en un día. Pablo, milagrosamente transformado de cruel perseguidor en creyente celoso, se agregó al número de los discípulos. A él se le confió en una manera especial la obra de dar el mensaje a los gentiles (Alza tus ojos, p. 98).

Los apóstoles no cumplían su misión por su propio poder, sino con el del Dios Viviente. Su tarea no era fácil. Las primeras labores de la iglesia cristiana se realizaron bajo opresión y amarga aflicción. Los discípulos encontraban constantemente privaciones, calumnias y persecuciones en su trabajo; pero no consideraban sus propias vidas como caras; antes se regocijaban porque eran llamados a sufrir por Cristo. La irresolución, la indecisión, y la debilidad de propósito no hallaban cabida en sus esfuerzos. Estaban dispuestos a gastar y ser gastados. El sentido de la responsabilidad que descansaba sobre ellos, purificaba y enriquecía sus vidas; y la gracia del cielo se revelaba en las conquistas que lograron para Cristo. Con el poder de la omnipotencia, Dios obraba por intermedio de ellos para hacer triunfar el evangelio (Los hechos de los apóstoles, p. 475). El momento exacto de la segunda venida de Cristo no ha sido revelado. Jesús dijo: “Pero del día y la hora nadie sabe”. Sin embargo dio señales de su venida, y dijo: Cuando veáis todas estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas” (Mateo 24:48, 36, 33). Las ofreció como manifiestas señales de su venida: “Levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca” (Lucas 21:28). En vista de estas cosas el apóstol escribió: “Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón. Porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día” (1 Tesalonicenses 5:4, 5). Puesto que no conocemos la hora de la venida de Cristo, debernos vivir sobria y piadosamente en este mundo, “aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo”. Su pueblo ha de preservar sus características peculiares como sus representantes. Hay una obra que cada uno de ellos ha de hacer. El rico brindará sus medios, el honrado su influencia, el sabio su sabiduría, el pobre su virtud, si desean ser efectivos obreros con Dios. Han de entregarse a sí mismos en una correcta relación con Dios, a fin de que puedan reflejar la luz de la gloria de Dios que resplandece en el rostro de Jesucristo… Ellos han de alertar a los hombres de los juicios venideros. Han de representar a Cristo ante la gente (Reflejemos a Jesús, p. 250).

(309)

DEJA UN COMENTARIO

Comentarios

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*