Notas de Elena | Jueves 14 de abril 2016 | Recibir las palabras del reino | Escuela Sabática
Jueves 14 de abril: Recibir las palabras del reino
“También el reino de los cielos es semejante a un mercader que busca perlas, que habiendo hallado una perla preciosa, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró” (Mateo 13:45, 46).
Esta buena perla representa el inapreciable tesoro de Cristo, así como también el tesoro oculto en el campo. En Cristo tenemos todo lo que necesitamos para nosotros en esta vida, y lo que constituirá el gozo del mundo venidero. Todo el dinero del mundo no comprará el don de la paz, el descanso y el amor. Recibimos estos dones por la fe en Cristo. No podemos comprarlos de Dios: no tenemos nada con qué comprarlos. Somos la propiedad de Dios; pues la mente, el cuerpo y el alma han sido comprados por el rescate de la vida del Hijo de Dios…
Entonces, ¿con qué se ha de comprar el tesoro eterno? Sencillamente, devolviéndole a Jesús lo que le pertenece, recibiéndolo en el corazón por fe. Significa cooperación con Dios; llevar el yugo con Cristo; sostener sus cargas…
Por la gracia de Cristo podemos ser fortalecidos y madurados para que, aunque somos imperfectos, podamos llegar a ser completos en él. Nos hipotecamos a Satanás, pero Cristo vino a rescatamos y redimimos… Somos salvados únicamente por gracia, el don gratuito de Dios en Cristo (.A fin de conocerle, p. 85).
Nuestra situación en el mundo no es lo que debiera ser. Distamos mucho de ser lo que seríamos si nuestra vida cristiana hubiese estado en armonía con la luz y las ocasiones que se nos depararon, si desde el principio hubiésemos marchado adelante y siempre hacia arriba. Si hubiésemos andado en la luz que se nos dio, si hubiésemos continuado en el conocimiento del Señor, nuestra senda se habría visto cada vez más iluminada. Pero mucho de los que tuvieron luces especiales, se conforman tanto con el mundo, que no pueden distinguirse ya de los mundanos. No se destacan como pueblo peculiar escogido por Dios y precioso en sus ojos. Es difícil discernir entre el que sirve a Dios y el que no le sirve (Joyas de los testimonios, tomo 3, p. 251).
Hemos sido invitados a ser el pueblo especial del Señor en un sentido mucho más elevado de lo que muchos comprenden. El mundo yace en maldad y el pueblo de Dios tiene que salir de él y mantenerse separado. Tiene que estar libre de las costumbres y los hábitos mundanos. No debe concordar con los sentimientos del mundo; por el contrario, los suyos deben ser distintos, como pueblo peculiar del Señor que es, manifestando fervor en todos sus servicios. No tiene que comulgar con las obras de las tinieblas (Cada día con Dios, p. 248).
Los hijos de Dios son sabios cuando confían solo en la sabiduría que viene de arriba, y cuando no tienen otra fuerza sino la que viene de Dios. Necesitamos separamos de la amistad y el espíritu del mundo, si deseamos estar unidos al Señor y permanecer en él. Nuestra fortaleza y nuestra prosperidad consisten en que estemos conectados con el Señor, elegidos y aceptados por él. No puede haber unión entre la luz y las tinieblas. Dios se propone que los suyos sean un pueblo peculiar, apartados del mundo, y sean ejemplos vivos de santidad, para que el mundo pueda ser iluminado y convicto, o condenado, según como traten la luz recibida. La verdad que se ha presentado al entendimiento, la luz que ha brillado en el alma, juzgará y condenará si se la descuida y se la abandona (Testimonios para la iglesia, tomo 2, p. 607).
Viernes 15 de abril: Para estudiar y meditar
El Deseado de todas las gentes, pp. 265-282; El discurso maestro de Jesucristo, pp. 11-40

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