Notas de Elena | Jueves 15 de diciembre 2016 | Satanás desenmascarado | Escuela Sabática


Jueves 15 de diciembre: Satanás desenmascarado

El universo entero se maravilló al ver que Cristo debía humillarse a sí mismo para salvar al hombre caído. El hecho de que Aquel que había pasado de una estrella a otra, de un mundo a otro, dirigiéndolo todo, satisfaciendo, mediante su providencia, las necesidades de todo orden de seres de su enorme creación, consintiese en dejar su gloria para tomar sobre sí la naturaleza humana, era un misterio que todas las inmaculadas inteligencias de los otros mundos deseaban entender.

Cuando Cristo vino a nuestro mundo en forma humana todos estaban interesados en seguirle mientras recorría paso a paso su sendero salpicado de sangre desde el pesebre hasta el Calvario. El cielo notó las afrentas y las burlas que él recibía, y supo que todo era instigado por Satanás. Presenció la obra de dos fuerzas contrarias: Satanás arrojando constantemente tinieblas, angustia y sufrimientos sobre la raza humana, y Cristo oponiéndosele. Observó la batalla entre la luz y las tinieblas a medida que se reñía con más ardor.

Cuando Cristo exclamó en la cruz en su expirante agonía: “Consumado es,” un grito de triunfo resonó a través de todos los mundos, y a través del mismo cielo. Finalmente se había decidido la gran contienda que tanto había durado en este mundo, y Cristo era el vencedor. Su muerte había contestado la pregunta de si el Padre y el Hijo tenían suficiente amor hacia el hombre para obrar con tal abnegación y espíritu de sacrificio. Satanás había revelado su verdadero carácter de mentiroso y asesino. Se vio que si se le hubiese permitido dominar a los habitantes del cielo hubiera manifestado el mismo espíritu con el cual había gobernado a los hijos de los hombres que estuvieron bajo su potestad. Como con una sola voz, el universo leal se unió para ensalzar la administración divina. Si se hubiera podido cambiar la ley, el hombre habría sido salvado sin necesidad del sacrificio de Cristo; pero el hecho de que fuese necesario que Cristo diera su vida por la raza caída prueba que la ley de Dios no exonerará al pecador de sus demandas. Está demostrado que la paga del pecado es la muerte. Cuando murió Cristo, quedó asegurada la destrucción de Satanás (Patriarcas y profetas, pp. 56, 57).

Para el Príncipe de la vida fue una tarea difícil llevar a cabo el plan que había emprendido para la salvación del hombre al revestir su divinidad con humanidad. Había recibido el homenaje de las cortes celestiales y estaba acostumbrado al poder absoluto. Le era difícil mantenerse al nivel de la humanidad, como lo es para los hombres levantarse por encima del bajo nivel de su naturaleza depravada y ser participantes de la naturaleza divina. Cristo fue sometido a la prueba más apremiante, la cual exigió el poder de todas sus facultades para resistir la inclinación, cuando estuvo en peligro de usar su poder para librarse de la amenaza y [así] triunfar sobre el poder del príncipe de las tinieblas. Satanás mostró su conocimiento de los puntos débiles del corazón humano, y puso en acción su poder hasta el máximo para aprovecharse de las debilidades de la humanidad que Cristo había tomado para vencer sus tentaciones en lugar del hombre (Comentario bíblico adventista, t. 7, p. 941).

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