Notas de Elena | Jueves 15 de febrero 2018 | El reavivamiento, la reforma y el diezmo | Escuela Sabática

Jueves 15 de febrero: El reavivamiento, la reforma y el diezmo
Cuando Nehemías volvió de Persia supo de la audaz profanación…
Declara: “Dolióme en gran manera”…
No solo se había profanado el templo, sino que se había dado una aplicación incorrecta a las ofrendas. Esto propendió a desalentar la liberalidad del pueblo. Habiendo éste perdido su celo y fervor, le costaba mucho pagar sus diezmos. La tesorería de la casa del Señor estaba mal provista y muchos de los cantores y otros empleados en el servicio del templo, al no recibir suficiente sustento, habían dejado la obra de Dios para trabajar en otra parte.
Nehemías se puso a corregir esos abusos. Reunió a los que habían abandonado el servicio de la casa de Jehová, y los puso “en su lugar”.
Esto inspiró confianza al pueblo “y todo Judá trajo el diezmo del grano, del vino y del aceite”. Hombres “que eran tenidos por fieles” fueron puestos “por superintendentes de los almacenes,” “y era de su obligación repartir a sus hermanos” (Profetas y reyes, pp. 494, 495).
Si retenemos lo que le pertenece a él, ¿cómo podemos pretender sus bendiciones? Si somos mayordomos infieles en las cosas terrenales, ¿cómo podemos esperar que él nos confíe las celestiales? Puede ser que aquí se encuentre el secreto de la oración no contestada.
Pero el Señor, en su gran misericordia, está listo para perdonar… (Palabras de vida del gran Maestro, p. 110).
En la obra de reforma que debe ejecutarse hoy, se necesitan hombres que, como Esdras y Nehemías, no reconocerán paliativos ni excusas para el pecado, ni rehuirán de vindicar el honor de Dios. Aquellos sobre quienes recae el peso de esta obra no callarán cuando vean que se obra mal ni cubrirán a éste con un manto de falsa caridad. Recordarán que Dios no hace acepción de personas y que la severidad hacia unos pocos puede resultar en misericordia para muchos. Recordarán también que el que reprende el mal debe revelar siempre el espíritu de Cristo.
En su obra, Esdras y Nehemías se humillaron delante de Dios, confesaron sus pecados y los del pueblo, y pidieron perdón como si ellos mismos hubiesen sido los culpables. Con paciencia trabajaron, oraron y sufrieron. Lo que más dificultó su obra no fue la franca hostilidad de los paganos, sino la oposición secreta de los que se decían sus amigos, quienes, al prestar su influencia al servicio del mal, decuplicaban la carga de los siervos de Dios. Esos traidores proveían a los enemigos del Señor material para que guerreasen contra su pueblo. Sus malas pasiones y voluntades rebeldes estaban siempre en pugna con los claros requerimientos de Dios (Profetas y reyes, p. 498).

Viernes 16 de febrero: Para estudiar y meditar
Conflicto y valor, “El trabajo más a mano”, p. 220.

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