Notas de Elena | Jueves 17 de noviembre 2016 | Cosas no visibles | Escuela Sabática
Jueves 17 de noviembre: Cosas no visibles


Si solicitas la ayuda de Dios, no pedirás en vano. El Señor está actuando de muchas maneras para lograr que confíes de todo corazón en él. En nada se deleita más que en que deposites tus cargas, acudas a él en procura de luz y fortaleza, y ha prometido que entonces hallarás descanso para tu alma. Si tienes corazón y voz para orar, con toda seguridad te va a escuchar, y extenderá su brazo desde el cielo para salvarte. Hay un Dios que escucha la oración, y cuando todos los otros recursos fallan, él es tu refugio, tu constante auxilio en las tribulaciones…

Si acudes a Dios con corazón humilde y creyente para buscar dirección en medio de tu perplejidad, tendrás el privilegio de depositar tu caso en sus manos. El cielo y la tierra pasarán, pero sus promesas no fallarán. Pide que Dios cumpla su palabra. Creiste en sus promesas cuando solo tenías tres años. Revela ahora la sencillez de un niño y acude al Señor con fe inquebrantable. Confía en el Señor con todo tu corazón, y tu confianza nunca será defraudada, nunca se volverá contra ti. Piensa en Jacob cuando elevaba su súplica a Dios en la llanura de Penuel. Su oración fue escuchada y contestada, y obtuvo una gran victoria (Carta a su hijo Edson, citada en: Cada día con Dios, p. 184).

“Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, demándela a Dios, el cual da a todos abundantemente, y no zahiere; y le será dada” (Santiago 1:5). Esta promesa es de más valor que el oro o la plata. Si con corazón humilde buscamos la dirección divina en toda dificultad y perplejidad, tenemos la promesa de su Palabra de que obtendremos misericordiosa respuesta. Y su palabra nunca faltará. El cielo y la tierra pasará, pero su palabra nunca pasará. Confiemos en el Señor, y nunca seremos confundidos o avergonzados. “Mejor es esperar en Jehová que esperar en hombre. Mejor es esperar en Jehová que esperar en príncipes” (Salmo 118:8, 9).

Cualquiera sea la posición que ocupemos en la vida, cualquiera sea nuestro que hacer, debemos ser bastante humildes para sentir nuestra necesidad de ayuda; debemos apoyamos implícitamente en las enseñanzas de la Palabra de Dios, reconocer su providencia en todas las cosas, y ser fieles en expresar en oración el sentimiento de nuestras almas. Apoyaos en vuestro propio entendimiento, amados hermanos, mientras os abrís paso en el mundo, y cosecharéis tristeza y desilusión. Confiad en el Señor con todo vuestro corazón, y él guiará vuestros pasos con sabiduría, y vuestros intereses estarán seguros para este mundo y para el venidero. Necesitáis luz y conocimiento. Tomaréis consejo de Dios o de vuestro corazón; andaréis a la luz de las chispas de vuestro propio fuego, u os allegaréis a la luz divina del Sol de justicia (Joyas de los testimonios, t. 2, pp. 136, 137).

La sabiduría de ningún instrumento humano es suficiente para trazar planes y proyectos en este tiempo. Exponed cada plan delante de Dios con ayuno, y humillando el alma delante del Señor Jesús, y encomendad vuestros caminos al Señor. La promesa segura es que él dirigirá vuestras sendas. Él posee recursos infinitos. El Santo de Israel, quien llama por su nombre a las huestes del cielo, y mantiene las estrellas en su lugar, os cuida individualmente…

Quisiera que todos pudiesen comprender las posibilidades y las probabilidades que están al alcance de los que esperan que su eficacia venga de Cristo y los que afirman en él su confianza. La vida que se oculta con Cristo en Dios siempre tiene un refugio; puede decir: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13) (Mensajes selectos, t. 2, p. 419).

Viernes 18 de noviembre: Para estudiar y meditar

El camino a Cristo, pp. 21-35.

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