Notas de Elena | Jueves 20 de octubre 2016 | Teodicea | Escuela Sabática


Jueves 20 de octubre: Teodicea
Nuestra confesión de su fidelidad es el factor escogido por el Cielo para revelar a Cristo al mundo. Debemos reconocer su gracia como fue dada a conocer por los santos de antaño; pero lo que será más eficaz es el testimonio de nuestra propia experiencia. Somos testigos de Dios mientras revelamos en nosotros mismos la obra de un poder divino. Cada persona tiene una vida distinta de todas las demás y una experiencia que difiere esencialmente de la suya. Dios desea que nuestra alabanza ascienda a él señalada por nuestra propia individualidad. Estos preciosos reconocimientos para alabanza de la gloria de su gracia, cuando son apoyados por una vida semejante a la de Cristo, tienen un poder irresistible que obra para la salvación de las almas.
Para nuestro propio beneficio, debemos refrescar en nuestra mente todo don de Dios. Así se fortalece la fe para pedir y recibir siempre más. I lay para nosotros mayor estímulo en la menor bendición que recibimos de Dios, que en todos los relatos que podamos leer acerca de la fe y experiencia ajenas. El alma que responda a la gracia de Dios será como un jardín regado. Su salud brotará raudamente; su luz nacerá en la obscuridad, y la gloria de Dios la acompañará (El ministerio de curación, pp. 67, 68).
No deis gusto al enemigo refiriéndoos al lado sombrío de vuestra experiencia; confiad más plenamente en Jesús para recibir auxilio con el fin de resistir la tentación. Si pensáramos y habláramos más de Jesús y menos di’ nosotros mismos, tendríamos más de su presencia. Si permaneciéramos en él nos llenaríamos de tal manera de paz, fe y ánimo, y tendríamos una experiencia tan victoriosa para relatar al acudir a la reunión, que los demás se sentirían refrigerados por nuestro claro y poderoso testimonio de Dios.
Estos preciosos reconocimientos para la alabanza y la gloria de su gracia, cuando están sostenidos por una vida semejante a la de Cristo, tienen un poder irresistible que obra para la salvación de las almas. El lado brillante y alegre de la religión será revelado por todos aquellos que se consagran diariamente a Dios. No debiéramos deshonrar al Señor mediante la fúnebre relación de pruebas que nos parecen apremiantes. Todas las pruebas que se reciban para nuestra educación, producirán gozo. Toda la vida religiosa será elevadora, ennoblecedora, fragante de buenas palabras y obras (La maravillosa gracia de Dios, p. 184).
Viernes 21 de octubre:
El camino a Cristo, pp. 116-128.

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