Notas de Elena | Jueves 21 de julio 2016 | La Iglesia: un agente de cambio | Escuela Sabática


Jueves 21 de julio: La Iglesia: un agente de cambio
Al insistir en el valor de la piedad práctica, el profeta estaba tan solo repitiendo el consejo dado a Israel siglos antes. Por medio de Moisés, mientras estaban los israelitas a punto de entrar en la tierra prometida, el Señor les había dicho: “Ahora pues, Israel, ¿qué pide Jehová tu Dios de ti, sino que temas a Jehová tu Dios, que andes en todos sus caminos, y que lo ames, y sirvas a Jehová tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma; que guardes los mandamientos de Jehová y sus estatutos, que yo te prescribo hoy, para que hayas bien?” (Deuteronomio 10:12, 13). De siglo en siglo estos consejos fueron repetidos por los siervos de Jehová a los que estaban en peligro de caer en hábitos de formalismo, y de olvidarse de practicar la misericordia…
Estas claras expresiones de los profetas y del Maestro mismo deben ser recibidas como voz del Cielo para toda alma. No debemos desperdiciar
oportunidad alguna de cumplir actos de misericordia, de tierna prevención y cortesía cristiana en favor de los cargados y oprimidos. Si nos es imposible hacer más, podemos dirigir palabras de aliento y esperanza a los que no conocen a Dios y a quienes podemos alcanzar con más facilidad mediante la simpatía y el amor (Profetas y reyes, pp. 241, 242).
¿Cuándo aprenderá a ser sabio el pueblo de Dios? La verdadera religión de Jesucristo tiene que ver en primer lugar con la misericordia y la gloria de Dios en nuestras experiencias cotidianas. Dios está muy cerca de nosotros en Cristo; sí, cerca de todas aquellos que lo invocan con sencillez y sinceridad, que disciernen su gran necesidad de la sabiduría que desciende de lo alto (Alza tus ojos, p. 93).
¿Qué es la santificación? Consiste en entregarse a si mismo plenamente y sin reservas —alma, cuerpo y espíritu— a Dios, para obrar con justicia, para amar la misericordia, y para caminar humildemente con Dios. Para conocer y para realizar la voluntad de Dios sin tomar en cuenta el yo, o los intereses personales; para tener una mente orientada hacia el cielo, pura, desinteresada, santa y sin mancha.
Es mediante la verdad, por el poder del Espíritu Santo, que somos santificados, transformados a la semejanza de Cristo. Y para que este cambio pueda realizarse en nosotros, debe haber una aceptación de la verdad, incondicional y sincera, una entrega sin reservas del alma a su poder transformador (Nuestra elevada vocación, p. 214).
Viernes 22 de julio: Para estudiar y meditar
Los hechos de los apóstoles, pp. 9-14.

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