Notas de Elena | Jueves 22 de febrero 2018 | El diezmo y salvación por la fe | Escuela Sabática

Jueves 22 de febrero: El diezmo y salvación por la fe
El plan de salvación no se aprecia como debería apreciarse. No se lo discierne o comprende. Se lo estima como un asunto común. No se advierte que para unir lo humano con lo divino se requirió el ejercicio de la Omnipotencia… Cristo, al cubrir su divinidad con la humanidad, elevó a la humanidad en la escala del valor moral hasta colocarla en una dignidad infinita ¡Qué condescendencia de parte de Dios y de su Hijo unigénito, que era igual con el Padre!…
Ha sido tan grande la ceguera espiritual de los hombres, que han procurado hacer ineficaz la Palabra de Dios. Con sus tradiciones han declarado que el gran plan de salvación se preparó para abolir la ley de Dios y terminar con su vigencia. En cambio, el Calvario es el poderoso argumento que prueba la inmutabilidad de los preceptos de Jehová…
Se asegura la victoria mediante la fe y la obediencia… La tarea de vencer no ha quedado restringida a los días de los mártires. Nosotros debemos luchar en estos tiempos de sutil tentación y mundanalidad (A fin de conocerle, pp. 254, 255).
Cuando miréis el gran espejo moral del Señor, su santa ley, su norma de carácter, ni por un momento supongáis que puede limpiaros.
No hay virtudes salvadoras en la ley. Ella no puede perdonar al transgresor. Debe imponerse el castigo. El Señor no salva a los pecadores aboliendo su ley, el fundamento de su gobierno en el cielo y en la tierra. El castigo fue soportado por el Sustituto del pecador. No es que Dios sea cruel e inmisericorde y Cristo tan misericordioso, que murió en la cruz del Calvario, en medio de dos ladrones, para abolir una ley tan arbitraria que debía ser quitada. El trono de Dios no puede tolerar una mancha de crimen, una mancha de pecado. En los concilios del cielo, antes de que el mundo fuera creado, el Padre y el Hijo convinieron en que si el hombre se tronaba desleal a Dios, Cristo —uno con el Padre— tomaría el lugar del transgresor y sufriría el justo castigo que debía caer sobre él.
Cuando el pecador arrepentido, contrito delante de Dios, discierne la expiación de Cristo en su favor y acepta esa expiación como su única esperanza en esta vida y en la vida futura, sus pecados son perdonados.
Esto es justificación por la fe. Cada alma creyente debe amoldar eternamente su voluntad con la voluntad de Dios y mantenerse en un estado de arrepentimiento y contrición, ejerciendo fe en los méritos expiatorios del Redentor y avanzando de fortaleza en fortaleza, de gloria en gloria.
Perdón y justificación son una y la misma cosa. El creyente pasa mediante la fe de la condición de rebelde, hijo del pecado y de Satanás, y la condición de leal súbdito de Cristo Jesús; no por una bondad inherente, sino porque Cristo lo recibe como a su hijo por adopción (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 6, p. 1070).

Viernes 23 de febrero: Para estudiar y meditar
La fe por la cual vivo, “La justicia de Cristo es suficiente”, p. 113.
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Notas de Elena G. de White
Lección 8: Para el 24 de febrero de 2018
El impacto de diezmar
Escuela Sabática – Primer trimestre 2018
Mayordomía: Las motivaciones del corazón

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