Notas de Elena | Jueves 22 de marzo 2018 | Hábito: Autodisciplina | Escuela Sabática

Jueves 22 de marzo: Hábito: Autodisciplina
Clamad a Dios con sinceridad y alma anhelante. Luchad con los agentes celestiales hasta que obtengáis la victoria. Poned todo vuestro ser, vuestra alma, cuerpo y espíritu en las manos del Señor, y resolved que seréis sus instrumentos vivos y consagrados, movidos por su voluntad, controlados por su mente, e imbuidos por su Espíritu (Nuestra elevada vocación, p. 133).
Con la esperanza de hacer comprender vívidamente a los creyentes corintios la importancia del firme dominio propio, la estricta temperancia y el celo incansable en el servicio de Cristo, Pablo hizo en la carta que les escribiera una impresionante comparación entre la lucha cristiana y las carreras pedestres que se tenían en determinadas ocasiones cerca de Corinto…
Los que deseaban que se incluyeran sus nombres entre los competidores por el premio, tenían que someterse primero a un severo entrenamiento preparatorio. Se prohibía estrictamente la peligrosa complacencia del apetito o cualquier otra satisfacción que redujera el vigor mental o físico…
Los corredores renunciaban a toda complacencia que tendería a debilitar las facultades físicas, y mediante severa y continua disciplina, desarrollaban la fuerza y resistencia de sus músculos… ¡Cuánto más importante es que el cristiano, cuyos intereses eternos están en juego, sujete sus apetitos y pasiones a la razón y a la voluntad de Dios! Nunca debe permitir que su atención sea distraída por las diversiones, los lujos o la comodidad. Todos sus hábitos y pasiones deben estar bajo la más estricta disciplina. La razón, iluminada por las enseñanzas de la Palabra de Dios y guiada por su Espíritu, debe conservar las riendas del dominio…
Pablo presenta el contraste entre la perecedera guirnalda de laurel recibida por el vencedor de las carreras pedestres, y la corona de gloria inmortal que recibirá el que corra triunfalmente la carrera cristiana.
“Ellos, a la verdad —declara—, para recibir una corona corruptible; mas nosotros, incorruptible”. Para obtener una recompensa perecedera, los corredores griegos no escatimaban esfuerzo ni disciplina. Nosotros estamos luchando por una recompensa infinitamente más valiosa, la corona de la vida eterna. ¡Cuánto más cuidadoso debería ser nuestro esfuerzo, cuánto más voluntario nuestro sacrificio y abnegación!…
Todo hábito o práctica que conduce al pecado o deshonra a Cristo, debe abandonarse, cualquiera que sea el sacrificio. La bendición del cielo no puede descender sobre ningún hombre que viola los eternos principios de la justicia. Un solo pecado acariciado es suficiente para degradar el carácter y extraviar a otros (Los hechos de los apóstoles, pp. 249- 251).
Con cuánto cuidado deberían los cristianos controlar sus hábitos con el fin de preservar todo el vigor de cada facultad para dedicarla al servicio de Cristo. Si hemos de alcanzar la santificación del alma, cuerpo y espíritu, debemos vivir en conformidad con la ley divina. El corazón no puede mantenerse consagrado a Dios mientras se complacen los apetitos y las pasiones en detrimento de la salud y la vida misma (Consejos sobre la salud, p. 68).

Viernes 23 de marzo: Para estudiar y meditar
Reflejemos a Jesús, “El camino a la salud”, p. 153

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