Jueves 22 de mayo: Ley y juicio (S. Juan 5:30)
El Padre ha entregado todo el juicio a su Hijo. Cristo pronunciará la recompensa de la lealtad. “El Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo… y también le dio autoridad de hacer juicio, por cuanto es el Hijo del Hombre”. Cristo aceptó la humanidad, y vivió en esta tierra una vida pura y santificada. Por esa razón ha sido designado juez. El que ocupa el puesto de juez es Dios manifestado en la carne.
A Cristo le ha sido entregado todo el juicio, porque es el Hijo del hombre. Nada escapa a su conocimiento. No importa cuán elevada sea la jerarquía y cuán grande sea el poder de los apóstatas espirituales, Uno más alto y mayor ha llevado el pecado de todo el mundo. Es infinito en justicia, en bondad y en verdad.
Tiene poder para resistir a los principados, a las potestades y a las huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.
Armado y equipado como el capitán de las huestes del Señor, viene al frente en defensa de su pueblo. Su justicia cubre a todos los que lo aman y confían en él. Como General de los ejércitos preside a la hueste celestial para que esté como un muro de fuego alrededor de su pueblo. Únicamente él es el juez de la justicia de ellos, porque los creó y los redimió a un precio infinito para él. Él velará para que la obediencia a los mandamientos de Dios sea recompensada y los transgresores reciban [el pago] de acuerdo con sus obras (Comentario bíblico adventista, t. 5, p. 1108,1109).
La Ley de Dios, por su misma naturaleza, es inalterable. Es una revelación de la voluntad y el carácter de su Autor. Dios es amor, y su ley es amor. Sus dos grandes principios son el amor a Dios y al hombre. “El cumplimiento de la ley es el amor” (Romanos 13:10). El carácter de Dios es justicia y verdad, y tal es la naturaleza de su ley. El salmista dice: “Tu ley la verdad”; “todos tus mandamientos son justicia” (Salmo 119:142, 172). El apóstol Pablo declara: “La ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno” (Romanos 7:12). Una ley tal, expresión de la mente y la voluntad de Dios, tiene que ser tan perdurable como su Autor.
Y esta ley es la norma por la cual las vidas y los caracteres de los hombres serán probados en el juicio. Después de señalar nuestro deber de obedecer sus mandamientos, Salomón agregó:
“Porque Dios traerá toda obra a juicio” (Eclesiastés 12:14). El apóstol Santiago amonesta a sus hermanos: ” Así hablad, y así haced, como los que habéis de ser juzgados por la ley de la libertad” (Santiago 2:12).
Jesús aparecerá en el juicio como el abogado de su pueblo, para abogar en su favor ante Dios. “Si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo” (1 Juan 2:1). “Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse por nosotros ante Dios”. “Por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos” (Hebreos 9: 24; 7: 25).
En el juicio, todos, los que se han arrepentido realmente del pecado, y por fe han reclamado la sangre de Cristo como su sacrificio expiatorio, han tenido el perdón registrado junto a sus nombres en los libros del cielo; al haber sido participantes de la justicia de Cristo, y sus caracteres encontrados en armonía con la Ley de Dios, sus pecados serán borrados, y ellos mismos serán considerados dignos de la vida eterna… Jesús dijo: “El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles” (Apocalipsis 3: 5) (Reflejemos a Jesús, p. 54).

Viernes 23 de mayo: Para estudiar y meditar
Testimonios para la iglesia, t. 7, p. 248-253.

http://escuelasabatica.es/

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