Notas de Elena | Jueves 22 de noviembre 2018 | La muerte y la resurrección | Escuela Sabática

Jueves 22 de noviembre: La muerte y la resurrección
La inmortalidad prometida al hombre a condición de que obedeciera, se había perdido por la transgresión. Adán no podía transmitir a su posteridad lo que ya no poseía; y no habría quedado esperanza para la raza caída, si Dios, por el sacrificio de su Hijo, no hubiese puesto la inmortalidad a su alcance. Como “la muerte así pasó a todos los hombres, pues que todos pecaron”, Cristo “sacó a la luz la vida y la inmortalidad por el evangelio” (Romanos 5:12; 2 Timoteo 1:10). Y solo por Cristo puede obtenerse la inmortalidad. Jesús dijo: “El que cree en el Hijo, tiene vida eterna, más el que es incrédulo al Hijo, no verá la vida” (Juan 3:36). Todo hombre puede adquirir un bien tan inestimable si consiente en someterse a las condiciones necesarias. Todos “los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad”, recibirán “la vida eterna”. Romanos 2:7 {El conflicto de los siglos, p. 523).
El Dador de la vida llamará a su posesión adquirida en la primera resurrección, y hasta esa hora triunfante, cuando resuene la trompeta final y el vasto ejército avance hacia la victoria eterna, cada santo que duerme será mantenido en seguridad y guardado como una joya preciosa, como quien es conocido por Dios por su nombre. Resucitarán por el poder del Salvador que moró en ellos mientras vivieron y porque fueron participantes de la naturaleza divina (Mensajes selectos, t. 2, p. 309).
El dador de la vida viene para quebrantar las cadenas de la tumba. Traerá consigo a los cautivos y proclamará: “Yo soy la resurrección y la vida” (Juan 11:25). Allí está en pie la hueste de los resucitados. El último pensamiento fue el de la muerte y sus agonías. Los últimos pensamientos que ellos tuvieron eran acerca de la tumba, pero ahora proclaman: “¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? (1 Corintios 15:55). Las agonías de la muerte fueron las últimas cosas que sintieron…
Cuando ellos despierten, todos los dolores habrán pasado. “¿Donde [está] oh, sepulcro, tu victoria?” Aquí están en pie, se coloca sobre ellos el toque final de la inmortalidad, y ascienden a encontrarse con el Señor en el aire. Los portales de la ciudad de Dios giran sobre sus goznes, y las naciones que han guardado la verdad entran (Mensajes selectos, 3, p. 492).
El Hijo de Dios llama a la vida a los santos dormidos… De la prisión de la muerte sale revestida de gloria inmortal…
Los justos vivos son mudados “en un momento, en un abrir de ojo”. A la voz de Dios fueron glorificados; ahora son hechos inmortales, y juntamente con los santos resucitados son arrebatados para recibir a Cristo, su Señor, en los aires…
Antes de entrar en la ciudad de Dios, el Salvador confiere a sus discípulos los emblemas de la victoria, y los cubre con las insignias de su dignidad real… Sobre la cabeza de los vencedores Jesús coloca con su propia diestra la corona de gloria. Cada cual recibe una corona que lleva su propio “nombre nuevo” (Apocalipsis 2:17), y la inscripción: “Santidad a Jehová”. A todos se les pone en la mano la palma de la victoria y el arpa brillante. Luego que los ángeles que mandan dan la nota, todas las manos tocan con maestría las cuerdas de las arpas, produciendo dulce música en ricos y melodiosos acordes. Dicha indecible estremece todos los corazones, y cada voz se eleva en alabanzas de agradecimiento (La maravillosa gracia de Dios, p. 357).
Viernes 23 de noviembre: Para estudiar y meditar
El otro poder, “Fundamentos, pilares e hitos”, p. 28-32.
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Notas de Elena G. de White – Escuela Sabática – Lección 8 – La unidad en la fe
Para el 24 de noviembre de 2018
Lecciones de Escuela Sabática para Adultos – Cuarto trimestre 2018
UNIDAD EN CRISTO
Narración: Maira Fermin

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