Jueves 23 de abril: El costo del discipulado
Los que quieran ser victoriosos deberán tomar en cuenta el costo de la salvación. Las fuertes pasiones humanas deben ser subyugadas; la voluntad independiente debe ser sometida al cautiverio de Cristo. El cristiano debe comprender que no se pertenece a sí mismo. Tendrá que resistir tentaciones y librar batallas contra sus propias inclinaciones, porque el Señor no aceptará un servicio a medias. La hipocresía es abominación para él. El seguidor de Cristo debe andar por fe, como viendo al Invisible. Cristo será su tesoro más querido, su todo…
El que tiene la mente de Cristo sabe que para seguir una conducta segura debe mantenerse cerca de Jesús, siguiendo la luz de la vida (La maravillosa gracia de Dios, p. 271).
¿Qué puede compararse con la pérdida del alma humana? Es algo que cada uno debe decidir por su cuenta: si ganar los tesoros de la vida eterna o perderlo todo a causa de su descuido de hacer que Dios y su justicia ocupen el primer lugar en su vida. Jesús, el Redentor del mundo, que dio su vida preciosa para que cada hijo e hija de Adán pudieran vivir, vivir eternamente en el reino de Dios, observa con pesar al gran número de cristianos profesos que no le sirven a él sino a sí mismos. Difícilmente piensen en las realidades eternas, a pesar de que él les llama la atención a la preciosa recompensa que aguarda a los fieles que peerán servirle con sus afectos indivisos. Les muestra las realidades eternas. Les ruega que calculen el costo de ser un seguidor obediente y fiel de Cristo, y dice: “No podéis servir a Dios y a las riquezas” (S. Maso 6:24) (Afín de conocerle, p. 323).
Sométase a la disciplina de Cristo. Déjese conducir por su Palabra. Preste atención a esta instrucción suya: “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas” (S. Mateo 11:29).
Insto a las iglesias en todas partes que hagan una obra cabal, teniendo en vista la eternidad, mediante la confesión y el abandono del pecado. “Todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder” (2 Pedro 1:3). ¿Qué significa esto? “Mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia”, “Nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria” (2 Corintios 3:18).
Solo Dios y Cristo saben cuánto costaron las almas de los hombres. Por causa de nosotros el Hijo de Dios se hizo pobre, para que mediante su pobreza pudiéramos ser enriquecidos con los tesoros eternos. Su amor no tiene parangón (Cada día con Dios, p. 290).
Viernes 24 de abril: Para estudiar y meditar
El Deseado de todas las gentes, pp. 211-216.

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