Jueves 25 de diciembre: La culminación del evangelio

El mundo se halla necesitado de la verdad salvadora que Dios ha con fiado a su pueblo. El mundo perecerá a menos que reciba un conocimiento de Dios por medio de sus agentes escogidos. En el poder del Espíritu Santo, los que son obreros juntamente con Dios, han de trabajar con celo incansable, y esparcir por el mundo la luz de la preciosa verdad. Al ir por los caminos y los vallados, al trabajar en los lugares desiertos de la tierra, en su país o en las regiones lejanas, verán la salvación de Dios revelada de una manera notable.
Los fieles mensajeros de Dios han de tratar de hacer avanzar la obra del Señor en la forma en que él lo ha señalado. Han de colocarse a sí mismos en estrecha relación con el gran Maestro, para que puedan ser enseñados diariamente por Dios. Han de luchar con Dios en oración ferviente por un bautismo del Espíritu Santo, para que puedan llenar las necesidades de un mundo que perece en el pecado. Todo el poder es prometido a aquellos que salen con fe a proclamar el evangelio eterno. A medida que los siervos de Dios lleven al mundo el mensaje vivo que acaban de recibir del trono de gloria, la luz de la verdad brillará como una lámpara que arde, alcanzando todas partes del mundo. Así las tinieblas del error y la incredulidad serán disipadas de la mente de los honrados de corazón en todos los países, que buscan ahora a Dios, “si en alguna manera, palpando, le hallen” (Testimonios para los ministros, pp. 467, 468).
El Señor espera manifestar su gracia y poder mediante su pueblo. Pero necesita que quienes se dedican a su servicio mantengan sus mentes siempre en sintonía con él. Debieran dedicar tiempo diariamente para leer la Palabra de Dios y orar. Cada hombre y soldado bajo el mando del Dios de Israel necesita tiempo para consultar con él y buscar su bendición. Si el obrero se permite dejar sin satisfacer esta necesidad, perderá su poder espiritual. Debemos caminar y trabajar con Dios en forma individual; entonces se revelará en nuestras vidas la influencia sagrada del evangelio de Cristo en toda su hermosura (Testimonios para la iglesia, tomo 6, pp. 255, 256).
Todas las grandes verdades de las Escrituras se centralizan en Cristo; debidamente comprendidas todas conducen a él. Preséntese a Cristo como el alfa y la omega, el principio y el fin del gran plan de redención. Presentad a la gente temas tales que fortalezcan su confianza en Dios y en su Palabra y la induzcan a investigar sus enseñanzas por sí misma. Y a medida que los hombres avancen paso a paso en el estudio de la Biblia, estarán mejor preparados para apreciar la hermosura y la armonía de estas preciosas verdades (El evangelismo, p. 354).
El sacrificio de Cristo como expiación del pecado es la gran verdad en derredor de la cual se agrupan todas las otras verdades. A fin de ser comprendida y apreciada debidamente, cada verdad de la Palabra de Dios, desde el Génesis al Apocalipsis, debe ser estudiada a la luz que fluye de la Cruz del Calvario. Os presento el magno y grandioso monumento de la misericordia y regeneración, de la salvación y redención: —el Hijo de Dios levantado en la cruz. Tal ha de ser el fundamento de todo discurso pronunciado por nuestros ministros (Obreros evangélicos, p. 330).
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