Jueves 26 de junio: La Ley y el reino

La ley de Dios existía antes de que el hombre fuera creado. Es-taba adaptada a la condición de los seres santos; aun los ángeles eran gobernados por ella. Después de la caída, los principios de jus-ticia quedaron inmutables. Nada fue quitado de la ley; no podía ser mejorado ninguno de sus santos preceptos. Y así como ha existido desde el principio, así continuará existiendo a través de los incesan-tes siglos de la eternidad. “Hace ya mucho que he entendido tus testi¬monios —dice el salmista— que para siempre los has estableci-do” (Comentario bíblico adventista, tomo 1, p. 1118).
“En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones” (Apocalipsis 22:2).
El fruto del árbol de la vida que estaba en el jardín del Edén te-nía virtudes sobrenaturales. Comer de él significaba vivir para siempre. Era el antídoto contra la muerte. Sus hojas servían para mantener la vida y la inmortalidad… Después de la entrada del pe-cado, el Labrador celestial lo trasladó al Paraíso que está en el cielo.
Los santos redimidos, que han amado a Dios y guardado sus man¬damientos aquí, entrarán por las puertas de la ciudad, y tendrán dere¬cho al árbol de la vida. Comerán de él con toda libertad tal co-mo lo hicieron nuestros primeros padres antes de su caída. Las ho-jas de ese árbol inmortal y de amplia copa, serán para la sanidad de las naciones. Habrán desaparecido todos sus infortunios. Jamás volverán a sentir los efectos de la enfermedad, la tristeza y la muer-te, porque las hojas del árbol de la vida los habrán sanado. Jesús verá el fruto del trabajo de su alma y se sentirá satisfecho, cuando los redimidos, que fueron objeto de angustias, fatigas y aflicciones, que gimieron bajo el peso de las calamidades, se reúnan en torno del árbol de la vida para comer de su fruto inmortal, del que nues-tros primeros padres perdieron todo derecho por haber quebrantado los mandamientos de Dios. Allí jamás habrá peligro de volver a perder el derecho al árbol de la vida, porque el que condujo a la tentación y al pecado a nuestros primeros padres será destruido en ocasión de la muerte segunda (¡Maranata: El Señor viene!, p. 323).

Viernes 27 de junio: Para estudiar y meditar

Palabras de vida del Gran Maestro, pp. 249-258
scuelasabatica.es

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