Jueves 26 de marzo
Ella se preocupa

Los que van a recibir la mayor recompensa serán los que incorpora¬ron a su actividad y celo la cortesía, y la tierna compasión por el pobre, el huérfano, el oprimido y el afligido…
Hay entre nosotros quienes tienen un espíritu manso y humilde -el espíritu de Cristo- que realizan muchas acciones pequeñas con el objeto de ayudar a los que están a su alrededor y que no piensan en ello. Se sorprenderán en el día final al descubrir que Cristo tuvo en cuenta la palabra bondadosa que dirigieron al desalentado, y los pequeños donativos que dieron para ayudar al pobre, y que implicaron abnegación para ellos. El Señor toma en cuenta el espíritu que impulsa un acto y recompensa consecuentemente; y la pureza, la humildad y el espíritu de amor como el de un niño influyen para que la ofrenda sea preciosa a su vista (¡Maranata: El Señor viene!, p. 340).
Aprovechad toda ocasión de trabajar por aquellos que os rodean y compartid con ellos vuestros afectos. Las palabras amables, las miradas de simpatía, las expresiones de aprecio serían para muchos de los que luchan a solas como un vaso de agua fresca para el sediento. Una palabra de estímulo, un acto de bondad contribuyen mucho a aliviar el fardo que pesa sobre los hombros cansados. La verdadera felicidad consiste en servir desinteresadamente a otros. Cada palabra, cada acción ejecu¬tada en este espíritu queda anotada en los libros del cielo como habiendo sido dicha o hecha para Cristo. “De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos pequeñitos -declara él- a mí lo hicisteis” (S. Mateo 25:40).
Vivid en el resplandor del amor del Salvador. Entonces vuestra influencia beneficiará al mundo. Permitid al espíritu de Cristo que se apodere de vosotros. Esté siempre en vuestros labios la ley de la bondad. La indulgencia y el altruismo caracterizan las palabras y las acciones de quienes nacieron de nuevo para vivir una vida nueva en Cristo Jesús (Joyas de los testimonios, t. 3, p. 100).
… No todos pueden ir como misioneros a países lejanos, pero todos pueden ser misioneros en el lugar donde viven, entre sus familiares y vecinos. Hay muchas maneras como los miembros de la iglesia pue¬den dar el mensaje a las personas con quienes se relacionan. Uno de los recursos que tienen más éxito es vivir en forma útil, desinteresada y cristiana. Los que luchan en la batalla de la vida con desventajas, pueden ser refrescados y fortalecidos por las pequeñas atenciones que nada cuestan. Las palabras bondadosas pronunciadas con sencillez, las pequeñas atenciones ofrecidas sinceramente, dispersarán las nubes de la tentación y la duda que se acumulan sobre el alma. La expresión sincera de una simpatía como la manifestada por Cristo, ofrecida con sencillez, tiene poder para abrir las puertas de los corazones que necesitan el toque sincero y delicado del espíritu de Cristo (Testimonios para la iglesia, t. 9, p. 25). Todo acto de justicia, misericordia y benevolencia, produce melo¬día en el cielo. El Padre desde su trono contempla a los que realizan estos actos de misericordia, y los cuenta entre sus más preciados teso¬ros, “Y serán para mí especial tesoro, ha dicho Jehová de los ejércitos, en el día que yo tengo de hacer”. Todo acto de misericordia hacia los necesitados, los que sufren, es considerado como hecho a Jesús. Cuando socorréis al pobre, simpatizáis con el afligido y el oprimido, y amparáis al huérfano, os colocáis en una relación más estrecha con Jesús (Servicio cristiano, p. 234).

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