Notas de Elena | Jueves 29 de marzo 2018 | Las palabras que queremos (y que no queremos) oír | Escuela Sabática

Jueves 29 de marzo: Las palabras que queremos (y que no queremos) oír
Los cristianos que viven egoístamente deshonran a su Redentor.
Aparentemente quizá sean muy activos en el servicio del Señor, pero entretejen el yo con todo lo que hacen. Como siembran las semillas del egoísmo, finalmente deben recoger una cosecha de corrupción… El servicio egoísta se reviste de una variedad de formas. Algunas de ellas parecen inofensivas. La bondad aparente les da la apariencia de [poseer la] bondad genuina. Pero no traen gloria al Señor. Su servicio estorba la causa de Cristo. Cristo dice: “El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama”.
No se puede tener confianza en los que incluyen el yo en su trabajo.
Si se entregan a Cristo olvidándose de sí mismos, sus servicios serían valiosos para la causa de Cristo. Entonces amoldarían su vida con las enseñanzas de Jesús. Herían que sus planes armonizaran con el gran plan del amor de Cristo. El egoísmo sería desterrado de sus esfuerzos…
Abnegación humildad y nobleza de propósitos caracterizaban la vida del Salvador… [se cita Mateo 16:24] (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 5, p. 1071).
El amor por las almas perdidas llevó a Cristo a la cruz del Calvario.
El amor por las almas nos llevará a la abnegación y el sacrificio para salvación de los que están perdidos. Y al devolver los seguidores de Cristo al Señor lo que le pertenece, están acumulando un tesoro que será suyo cuando oigan las palabras: “Bien, buen siervo y fiel… entra en el gozo de tu Señor”… El gozo de ver a los que han sido salvados eternamente será la recompensa de todos los que sigan en los pasos del Redentor (Testimonios para la iglesia, tomo 9, p. 48).
Cuando el mundo sea finalmente llamado a juicio ante el gran trono blanco para rendir cuentas por haber rechazado a Jesucristo, el legítimo mensajero de Dios para nuestro mundo, ¡cuán solemne será esa escena! ¡Qué ajuste de cuentas tendrá que hacerse por haber clavado en la cruz a Aquel que niño a nuestro mundo como una carta viviente de la ley!
Dios hará a cada uno la pregunta: “¿Qué has hecho con mi Hijo unigénito? ¿Qué contestarán los que se han negado a aceptar la verdad?…
Si aquellos a quienes les es presentada la luz del cielo la rechazan, rechazan a Cristo. Rechazan el único medio por el cual podrían haber sido limpiados de la contaminación… A ellos se les dirá: “Nunca os conocí; apartaos de mí”. Dios vengará ciertamente la muerte de su Hijo (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, tomo 5, pp. 1081, 1082).
Podemos ser fuertes en el Señor y en la potencia de su fortaleza. Al recibir a Cristo, quedamos revestidos de su potencia. Cuando el Salvador habita en nosotros, su fuerza viene a ser nuestra; su verdad es nuestro capital, y ninguna injusticia se advierte en nuestra vida. Llegamos a poder decir palabras oportunas a quienes no conocen la verdad. La presencia de Cristo en el corazón es una potencia vivificadora, que fortalece todo el ser…
¿Comprendemos bien claramente hasta qué punto se acerca Jesús a nosotros? Se dirige a nosotros personalmente. Se revelará a todo aquel que quiera ser revestido del manto de su justicia. Declara: “Yo… tu Dios, fortaleceré tu diestra”. Coloquémonos donde pueda verdaderamente sostenemos, donde podamos oírle decir con fuerza y autoridad: “Fui muerto; y he aquí vivo para siempre jamás” (Testimonios para la iglesia, tomo 7, pp. 71, 72).
Viernes 30 de marzo: Para estudiar y meditar
Cada día con Dios, “Seamos soldados de la guardia de Dios”, p. 282.

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