Jueves 3 de abril: La ley moral
Cuando Jesús vino a esta tierra, los judíos habían perdido el conocimiento del verdadero carácter de Dios. Se consideraban el más exaltado de todos los pueblos, pero no daban importancia a los mandamientos divinos, ni reflejaban el amor que es la síntesis del carácter de Dios. Nadie puede ser verdaderamente justo sin reflejar la imagen divina y manifestar amor por todas las naciones, tribus, lenguas y pueblos, como lo hace el Señor. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”.
Tener el nombre registrado en los libros de la iglesia y cumplir con las ceremonias externas de la religión no hace a nadie un hijo de Dios, porque las formalidades, por sí mismas, no tienen valor. Solo el puro de corazón verá a Dios en su verdadero carácter, como un Dios de amor, y reflejará esa pureza y amor… hacia sus prójimos que pertenecen a Dios por creación y redención. El amor es el cumplimiento de la Ley, y es el deber de cada hijo de Dios obedecer sus mandamientos.
Cada uno deberá dar cuenta de las habilidades y talentos que ha recibido. Ahora es el tiempo en que se probará a cada uno para saber si puede ser un súbdito de su reino, y los que aman a Dios en espíritu y en verdad, serán aceptados en el reino celestial.
La ley de Dios, perfecta en santidad, es la única norma del carácter, y los que la obedecen expresan su amor por él. El perfecto amor echa fuera el temor.
Los que profesan el cristianismo deben conocer en forma práctica lo que significa amar a Dios, y deben tener un gran sentido de lo sagrado que es llegar a ser uno con Cristo, así como él es uno con el Padre. Al comprender siquiera algo de la infinita santidad de Dios, de Aquel que es alto y sublime, y cuya gloria llena el templo, apreciarán más sus responsabilidades, adornarán la doctrina de Cristo nuestro Salvador, y ejercerán una poderosa influencia sobre la vida y el carácter de quienes los rodean.
Eso será una levadura que afectará toda la masa humana y transformará a otros por el poder de Jesús. Conectados con la Fuente del poder, nunca perderán su vital influencia, sino que se tornarán más y más eficientes y abundantes en la obra del Señor (The Youth’s Instructor, 26 de julio de 1894).
Cuando nos acerquemos a Jesús, él nos impartirá su amor, el cual fluirá en acciones amantes y compasivas hacia otros. Si no tenemos un supremo amor por Dios, tampoco tendremos amor por nuestro prójimo con el amor que tenemos por nosotros mismos.
En cambio cuando amamos a Dios con todo nuestro corazón, nuestra alma, nuestra mente y nuestras fuerzas, seremos como una corriente de agua viva en el desierto que nos rodea.
No estaremos esparciendo dudas ni sembrando cizaña a nuestro alrededor, ni nos conformaremos con una pobre experiencia espiritual. Diremos con Pablo: ” No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Filipenses 3:12-14) (Signs of the Times, 22 de septiembre de 1890). www.EscuelaSabatica.es

Viernes 4 de abril: Para estudiar y meditar
Joyas de los testimonios, t.1, p. 73-75; Testimonios para la iglesia, t.1, p. 185-187. www.EscuelaSabatica.es

(295)

DEJA UN COMENTARIO

Comentarios

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*