Notas de Elena | Jueves 3 de noviembre 2016 | Apresurarse a juzgar | Escuela Sabática


Jueves 3 de noviembre: Apresurarse a juzgar

Pierdan de vista a todos los demás, excepto a Cristo. Deseamos tener a Cristo en nosotros y Cristo desea habitar en nuestro corazón. Somos todos humanos y falibles, y a menos que él se forme dentro de nosotros como la esperanza de gloria, cometeremos grandes equivocaciones al evaluar a nuestros colaboradores de acuerdo con nuestro propio modelo y medida. Dios ve por debajo de la superficie. Ve todo lo bueno y nota también todo lo malo. Dejen, entonces, la obra de juzgar a sus hermanos por cuenta de Dios.
Preocúpense por los jóvenes que están ahora formando sus caracteres, conversen con ellos y ayúdenles en todo lo que les resulte posible. Que nadie eduque a los jóvenes en la ciencia de detectar faltas. No permitan que los jóvenes los escuchen hablar de las faltas de los que no se ajustan a sus ideas. Los jóvenes son servidores de Cristo y se los debe cuidar y animar para que desarrollen pensamientos buenos, puros y santos. No necesitan lecciones de malas sospechas. Satanás está siempre listo para instruirlos en esa dirección. Enséñenles a ser amables, a respetarse y amarse unos a otros como Cristo nos ama.
Retengan el perfume del carácter de Cristo en sus palabras y acciones. Que las quejas y murmuraciones terminen para siempre. Entonces sus corazones reflejarán los rayos del sol de justicia de Cristo. Dios los bendecirá y los hará una bendición (Alza tus ojos, p. 26).
El pueblo participaba en extenso grado del mismo espíritu, invadía la esfera de la conciencia, y se juzgaban unos a otros en asuntos que tocaban únicamente al alma y a Dios. Refiriéndose a este espíritu y práctica, dijo Jesús: “No juzguéis, para que no seáis juzgados”. Quería decir: No os con-sideréis como normas. No hagáis de vuestras opiniones y vuestros conceptos del deber, de vuestras interpretaciones de las Escrituras, un criterio para los demás, ni los condenéis si no alcanzan a vuestro ideal. No censuréis a los demás; no hagáis suposiciones acerca de sus motivos ni los juzguéis.
“No juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor, el cual aclarará también lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones”. No podemos leer el corazón. Por ser imperfectos, no somos competentes para juzgar a otros. A causa de sus limitaciones, el hombre solo puede juzgar por las apariencias. Únicamente a Dios, quien conoce los motivos secretos de los actos y trata a cada uno con amor y compasión, le corresponde decidir el caso de cada alma.
“Eres inexcusable, oh hombre, quien quiera que seas tú que juzgas; pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas haces lo mismo” . Los que juzgan o critican a los demás se proclaman culpables; porque hacen las mismas cosas que censuran en otros. Al condenar a los demás, se sentencian a sí mismos, y Dios declara que el dictamen es justo. Acepta el veredicto que ellos mismos se aplican (El discurso maestro de Jesucristo, pp. 105, 106).
Escuela Sabática | Lección 6 | Para el 5 de noviembre de 2016 | La maldición ¿sin causa? | El libro de Job | Cuarto trimestre 2016 | Guía de Estudio de la Biblia – Maestros – Alumnos | Iglesia Adventista del Séptimo Día

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