Jueves 30 de abril: El enfermo versus el buey y el asno
Cuando Jesús sanó en sábado y fue acusado de quebrantar la ley de Dios, respondió a sus acusadores: “Cada uno de vosotros ¿no desata en el día de reposo su buey o su asno del pesebre y lo lleva a beber? Y a esta hija de Abraham, que Satanás había atado dieciocho años, ¿no se le debía desatar de esta ligadura en el día de reposo? Al decir él estas cosas, se avergonzaban todos sus adversarios; pero todo el pueblo se regocijaba por todas las cosas gloriosas hechas por él” (Lucas 13:15-17).
El Señor contempla compasivamente a las criaturas que ha creado sin fijarse a qué raza o género pertenecen. Dios “de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra”… Nuestro Salvador dijo a sus discípulos: “Todos vosotros sois hermanos”. Dios es nuestro Padre común y cada uno de nosotros es un guarda de su hermano (Review and Herald, 21 de enero, 1896).
Dios invita a todos los que han estado bebiendo del agua de la vida que conduzcan a otros a esa misma fuente…

Cada alma convertida tiene una obra que hacer. Debemos recibir gracia para dispensarla gratuitamente. Debemos permitir que alumbre la luz que proviene de la estrella resplandeciente de la mañana, para que esa luz resplandezca mediante obras de abnegación y sacrificio, siguiendo el ejemplo que Cristo nos ha dado mediante su propia vida y su carácter. Debemos recibir de la raíz esa savia que nos capacitará para llevar mucho fruto. Toda alma que haya escuchado la divina invitación debe comunicar el mensaje desde la colina hasta el valle, diciendo a todos aquellos que se relacionan con ella: “Ven” (Cada día con Dios, p. 327).

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