Jueves 4 de diciembre: Culpa a la víctima

No nos pertenecemos a nosotros mismos para hacer lo que nos plazca. Somos llamados a ser representantes de Cristo. Fuimos comprados por precio. Como hijos e hijas elegidos de Dios, hemos de ser hijos obedien tes, que actúen de acuerdo con los principios de su carácter como están revelados por medio de su Hijo.
Jesús ha dicho: “Haced bien a los que os aborrecen”. Cuánto podemos lograr al seguir esta instrucción, no lo podemos estimar. “Orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos”.
¿No se pasan por alto a menudo los principios esbozados aquí? La cantidad de maldad que podría evitarse al seguir estos principios en ningún modo es pequeña: pues algunas veces el corazón de los perseguidores es susceptible a las impresiones divinas, como lo fue el del apóstol Pablo antes de su conversión. Siempre es mejor tratar de vivir toda la voluntad de Dios como él ha especificado. Él se encargará de los resultados (El ministerio médico, p. 338).
Los que aman a Dios por sobre todo, se dan cuenta que son ricos más allá de todo cálculo en las riquezas que Dios les da… El hombre no posee nada a lo que tenga derecho exclusivo. No es dueño ni aun de sí mismo; porque ha sido comprado con un precio: la sangre del Hijo de Dios. Cristo tiene un derecho sobre toda posesión de este mundo. Él puede poner en marcha una serie de circunstancias que arrasen con la ganancia acumulada durante años. También puede retener la ayuda que sus hijos necesitan.
Es Dios quien da al hombre el aliento de vida. Nosotros no podemos crearlo. Solo podemos tomar lo que Dios ha creado. Él es nuestro guardián, nuestro consejero; y más que eso, por su generosa provisión, poseemos toda la habilidad, el tacto y la capacidad que tenemos…
En el momento en que el hombre pierde de vista el hecho de que sus capacidades y posesiones son del Señor, en ese momento está defraudando las posesiones del Señor. Está actuando como un administrador infiel, haciendo que el Señor transfiera sus dones a manos más fieles. Dios demanda a los que él ha confiado sus dones que los administren fielmente, para demostrar al mundo que están trabajando por la salvación de los pecadores. Demanda a los que profesan estar bajo su dirección, que no desvirtúen su carácter… Diariamente él nos colma con beneficios… glorifiquémoslo, impartiendo a otros de la abundancia con que nos ha colmado (En lugares celestiales, p. 302).
http://www.escuelasabatica.es/

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