Notas de Elena | Jueves 6 de septiembre 2018 | Tiro y Cesárea | Escuela Sabática

Jueves 6 de septiembre:

Tiro y Cesárea

El gran apóstol Pablo era firme cuando el deber y los principios estaban en juego; predicaba a Cristo con gran arrojo; pero nunca se mostraba rudo o descortés. Era de corazón tierno, y siempre manifestaba bondad y solicitud hacia los demás. La cortesía era una de sus características señaladas y le dio acceso al mundo de una sociedad más encumbrada…
Pablo atraía corazones afectuosos dondequiera que iba; su alma estaba ligada a la de sus hermanos. Cuando se separaba de ellos, sabiendo y asegurándoles que nunca volverían a ver rostro, los hermanos se llenaban de pesar, y le rogaban que permaneciera con ellos con tanto fervor que él exclamaba: “¿Qué hacéis llorando y afligiéndome el corazón?” Su corazón comprensivo se conmovía al presenciar y sentir su pesar frente a la separación definitiva. Ellos lo amaban, y sentían que no podían separarse de él. (¿Qué cristiano no admira el carácter de Pablo? Firme como una roca cuando defendía la verdad, era afectuoso y tierno como un niño cuando estaba rodeado de amigos (Mi Vida hoy, p. 199).
El corazón de Pablo estaba lleno de un hondo y constante sentimiento de su responsabilidad; y él trabajaba en intima comunión con Aquel que es la fuente de justicia, misericordia y verdad. Se aferraba a la cruz de Cristo como su única garantía de éxito, El amor del Salvador era el constante motivo que lo sostenía en sus conflictos con el yo y en su lucha contra el mal, a medida que en el servicio de Cristo avanzaba frente a la frialdad del mundo y a la oposición de sus enemigos.
Lo que la iglesia necesita en estos días de peligro, es un ejército de obreros que, como Pablo, se hayan educado para ser útiles, que tengan una experiencia profunda en las cosas de Dios, y que estén llenos de fervor y celo. Se necesitan hombres santificados, abnegados, valientes y fieles; hombres en cuyos corazones habite Cristo, “la esperanza de gloria” [Colosenses 1:27], y que con labios tocados por el fuego santo prediquen “la palabra” [2 Timoteo 4:2]. Por falta de tales obreros, la causa de Dios languidece, y errores fatales, como un veneno mortífero, mancillan la moral y agostan las esperanzas de gran parte de la especie humana (Obreros evangélicos, p. 62).
Dios nos ha dado nuestras facultades intelectuales y morales; pero en extenso grado cada persona es arquitecto de su propio carácter. Cada día va subiendo la estructura. La Palabra de Dios nos advierte que prestemos atención a cómo edificamos, para que nuestro edificio se funde, en la Roca eterna. Llegará el tiempo en que nuestra obra quedará revelada tal cual es. Ahora es el momento para que todos cultiven las facultades que Dios les ha dado, a fin de que puedan desarrollar un carácter que tenga utilidad aquí y sea apto para la vida superior…
Dios pide almas fuertes, valientes, cristianas, activas y vivas, que sigan al verdadero Modelo, y que ejerzan una influencia definida por Dios y lo recto. El Señor nos ha confiado, como cometido sagrado, verdades importantísimas y solemnes, y debemos demostrar su influencia en nuestra vida y carácter (Testimonios para la iglesia, t. 4, pp. 649, 650).
Viernes 7 de septiembre: Para estudiar y meditar
La educación, “Pablo —gozoso en el servicio”, pp. 64-68.
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