Jueves 9 de abril: Cristo, el Vencedor
Cuando Satanás indujo al hombre a pecar, esperaba que el odio que Dios tiene por el pecado lo separaría para siempre del hombre y rompería el vínculo que une el cielo y la tierra. Cuando de los cielos abiertos oyó la voz de Dios que se dirigía a su Hijo, para él fue como el sonido de un toque de difuntos. Esto le dijo que ahora Dios estaba por unir consigo al hombre más estrechamente, y que le daría fortaleza moral para vencer la tentación y para escapar de las redes de las trampas satánicas. Satanás sabía muy bien la posición que Cristo había ocupado en el cielo como el Hijo de Dios, el Amado del Padre; y el hecho de que Cristo hubiera dejado el gozo y la honra del cielo para venir a este mundo como hombre, lo llenaba de temor. Sabía que esta condescendencia de parte del Hijo de Dios no presagiaba ningún bien para él…
Había llegado ahora el tiempo cuando el dominio sobre el mundo le sería disputado a Satanás, y su derecho impugnado, y temió que su poder fuera quebrantado. Sabía por las profecías que había sido anunciado un Salvador cuyo reino no se establecería con un triunfo terrenal y con honores mundanos y ostentación. Sabía que las profecías predecían un reino que sería establecido por el Príncipe del cielo sobre la tierra que él reclamaba como suya. Ese reino abarcaría a todos los reinos del mundo, y entonces cesarían el poder y la gloria de Satanás, y éste recibiría su merecido por los pecados que había introducido en el mundo y por la desgracia que había traído sobre la raza humana. Sabía que todo lo que atañía a su prosperidad dependía de su éxito o fracaso al procurar vencer a Jesús con sus tentaciones, e hizo que el Salvador soportara todas las artimañas de que disponía para apartarlo de su integridad mediante sus seducciones (Comentario bíblico adventista, t. 5, pp. 1054, 1055).
Cada uno de nosotros será tentado intensamente; nuestra fe será sometida a prueba hasta un grado máximo. Debemos tener una conexión viva con Dios; debemos ser participantes de la naturaleza divina; entonces no seremos engañados por las invenciones del enemigo, y escaparemos de la corrupción reinante en el mundo a causa de la concupiscencia.
Necesitamos estar anclados en Cristo, arraigados y fundados en la fe. Satanás obra mediante sus instrumentos. Elige a los que no han estado bebiendo en las aguas vivas, cuyas almas están sedientas de algo nuevo y original, y que siempre están listos a beber en cualquier fuente que se les ofrezca. Se oirán voces que digan: “Mirad, aquí está el Cristo”, o “Mirad, allí está”; pero no debemos creerlas. Tenemos evidencias innegables de la voz del Pastor verdadero, y él nos está llamando para que le sigamos. Nos dice: “He guardado los mandamientos de mi Padre”. Conduce a sus ovejas por la senda de la obediencia humilde a la ley de Dios, pero nunca las insta a transgredirla (Mensajes selectos, t. 2, p. 57).
Viernes 10 de abril: Para estudiar y meditar
El Deseado de todas las gentes, pp. 89-105.

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