Notas de Elena | Jueves 9 de noviembre 2017 | Jesús, el segundo Adán | Escuela Sabática

Jueves 9 de noviembre:
Jesús, el segundo Adán
En el momento cuando [el hombre] rehusó obedecer las leyes del reino de Dios, en ese momento se volvió desleal al gobierno del Creador y se hizo enteramente indigna de todas las bendiciones con que el la había favorecido.
Esta era la situación de la raza humana después que el hombre, por su transgresión, se divorció de Dios. Entonces ya no tenía más derecho a una bocanada de aire, a un rayo de sol o a una partícula de alimento. Y la razón por la cual el hombre no fue aniquilado, fue porque Dios lo amo de tal manera que otorgo el don de su amado Hijo para que el sufriera la penalidad de la transgresión. Cristo estuvo dispuesto a convertirse en el fiador y sustituto del hombre a fin de que este, mediante su incomparable gracia, pudiera tener otra oportunidad —una segunda prueba—, teniendo la experiencia de Adán y Eva como una advertencia para que no transgredieran la ley de Dios como ellos lo hicieron. Y en cuanto el
hombre disfruta las bendiciones de Dios en la dadiva del sol y la dadiva del alimento, debería inclinarse delante del Hacedor en agradecido reconocimiento de que todas las cosas provienen de él. Todo lo que se le devuelve a Dios es tan solo su propiedad, que él nos ha concedido (Fe y obras, p. 19).
El Hijo de Dios se colocó en lugar del pecador, y camino por el mismo terreno en donde Adán peco; y soporto la tentación en el desierto, que era cien veces más fuerte de lo que alguna vez tendría que soportar la raza humana. Jesús resistió las tentaciones de Satanás de la misma manera en que cualquier alma tentada puede resistir, remitiéndolo al registro inspirado, y diciendo: “Escrito esta”.
Cristo venció como hombre las tentaciones. Cada hombre puede vencer como Cristo venció. Él se humillo a si mismo por nosotros. Fue tentado en todo punto, así como nosotros. Redimió el desgraciado fracaso de la caída de Adán, y fue vencedor, testificando así ante todos los mundos no caídos y ante la humanidad caída, que el hombre podía guardar los mandamientos de Dios por medio del poder divino que el cielo le concedía. Jesús, el Hijo de Dios, se humillo por nosotros, soporto la tentación por nosotros, y venció en nuestro favor para mostrarnos como podemos vencer. Así vinculo sus intereses divinos con la humanidad, con los lazos más estrechos; y ha dado la positiva seguridad de que no seremos tentados más de lo que podemos soportar, sino que con la tentación dará una vía de escape (Mensajes selectos, t. 3, p. 154).

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