Notas de Elena | Lección 12 | De vuelta a Egipto | Escuela Sabática


 

Sábado 12 de diciembre

Para la iglesia de Dios, que custodia su viña en la tierra hoy, resultan de un valor especial los mensajes de consejo y admonición dados por los profetas que presentaron claramente el propósito eterno del Señor en favor de la humanidad. En las enseñanzas de los profetas, el amor de Dios hacia la raza perdida y el plan que trazó para salvarla quedan claramente revelados. El tema de los mensajeros que Dios envió a su iglesia a través de los siglos transcurridos fue la historia del llamamiento dirigido a Israel, sus éxitos y fracasos, cómo recobró el favor divino, cómo rechazó al Señor de la viña y cómo el plan secular será realizado por un remanente piadoso en favor del cual se cumplirán todas las promesas del pacto. Y hoy el mensaje de Dios a su iglesia, a aquellos que se ocupan en su viña como fieles labradores, no es otro que el dado por el profeta antiguo: “En aquel día cantad de la viña del vino rojo. Yo Jehová la guardo, cada momento la regaré; guardaréla de noche y de día, porque nadie la visite” (Isaías 27:2, 3).

Espere Israel en Dios. El Señor de la viña está ahora mismo juntando de entre los hombres de todas las naciones y todos los pueblos los preciosos frutos que ha estado aguardando desde hace mucho. Pronto vendrá a los suyos; y en aquel alegre día se habrá cumplido finalmente su eterno propósito para la casa de Israel. “Días vendrán cuando Jacob echará raíces, florecerá y echará renuevos Israel, y la haz del mundo se henchirá de fruto” (Isaías 27:6) (.Profetas y reyes, pp. 15,16).

Dios requiere que confesemos nuestros pecados y humillemos nuestros corazones delante de él; pero al mismo tiempo debemos tener confianza en él, como un Padre tierno que no olvidará a aquellos que confían en él. No comprendemos cuántos de nosotros andamos por la vista y no por la fe. Creemos en las cosas visibles, pero no apreciamos las preciosas promesas que se nos han dado en su Palabra. Y sin embargo, no podemos deshonrar a Dios más decididamente que demostrando que desconfiamos de lo que dice.

Quisiera decirles a aquellos que están tentados: ni por un solo momento reconozcáis las tentaciones de Satanás como estando en armonía con vuestras mentes. Alejaos de ellas, como os alejaríais del adversario mismo. La obra de Satanás consiste en desanimar el alma. La obra de Cristo consiste en inspirar al corazón con fe y esperanza. Satanás procura destruir nuestra confianza. El nos

dice que nuestras esperanzas están edificadas sobre falsas premisas, mas bien que sobre la palabra inmutable de Aquel que no puede mentir.

Cuando él [Satanás] sugiere dudas acerca de si realmente somos el pueblo a quien Dios está guiando, a quien él está preparando mediante pruebas para permanecer firmes en el día final, estemos listos para hacer frente a sus insinuaciones presentando la clara evidencia de la Palabra de Dios, de que éste es el pueblo remanente que guarda los mandamientos de Dios y tiene la fe de Jesús (Nuestra elevada vocación, p. 87).

Domingo 13 de diciembre: Anarquía política

La Biblia condena en los términos más enérgicos toda mentira, trato falso e improbidad. Lo bueno y lo malo se manifiestan claramente. Pero se me mostró que el pueblo de Dios se ha puesto sobre el terreno del enemigo, ha cedido a sus tentaciones y ha seguido sus designios hasta que sus sensibilidades han quedado terriblemente embotadas. Una ligera desviación de la verdad, una pequeña variación de los requisitos de Dios no se considera tan pecaminosa cuando entraña ganancia o pérdida pecuniaria. Pero el pecado es pecado, ya lo cometa el millonario o el mendigo de la calle. Los que obtienen propiedades por medio de la falsedad están trayendo condenación sobre su alma. Todo lo que se obtiene por medio del engaño y el fraude, será tan solo una maldición para quien lo reciba.

Adán y Eva sufrieron las terribles consecuencias resultantes de desobedecer la orden expresa de Dios. Podrían haber razonado: Este es un pecado muy pequeño, y nunca será tenido en cuenta. Pero Dios trató el asunto como un mal temible, y la desgracia de su transgresión se sentirá a través de todos los tiempos. En la época en que vivimos, los que profesan ser hijos de Dios cometen con frecuencia pecados de mayor magnitud. En las transacciones comerciales, los que profesan ser hijos de Dios dicen mentiras, obran en consecuencia, y atraen el desagrado de Dios sobre ellos y el oprobio sobre su causa. La menor desviación de la veracidad y la rectitud es una transgresión de la ley de Dios (Joyas de los testimonios, tomo 1, pp. 511,512).

Pronto llegará ese tiempo, y habremos de asimos firmemente del fuerte brazo de Jehová, porque todos los prodigios y las grandes señales del diablo tienen por finalidad engañar y vencer al pueblo de Dios. Nuestra mente debe estar fija en Dios, y no debemos experimentar el temor que tienen los impíos; es decir, no hemos de temer lo que ellos temen, ni reverenciar lo que ellos reverencian, sino ser esforzados y valientes en pro de la verdad. Si nuestros ojos se abrieran veríamos en nuestro derredor a los ángeles malignos tramando alguna nueva manera de dañamos y destruimos; pero también veríamos a los ángeles de Dios que con su poder nos amparan, porque el ojo vigilante de Dios está siempre sobre Israel para el bien, y él protegerá y salvará a su pueblo si éste confía en él. Cuando el enemigo irrumpa como una inundación, el Espíritu del Señor enarbolará un estandarte contra él (Primeros escritos, p. 60).

Cada acto de obediencia a Cristo, cada acto de abnegación por él, cada prueba bien soportada, cada victoria lograda sobre la tentación, es un paso adelante en la marcha hacia la gloria de la victoria final. Si aceptamos a Cristo por guía, él nos conducirá en forma segura. El mayor de los pecadores no tiene por qué perder el camino. Ni uno solo de los que temblando lo buscan ha de verse privado de andar en luz pura y santa. Aunque la senda es tan estrecha y tan santa que no puede tolerarse pecado en ella, todos pueden alcanzarla y ninguna alma dudosa y vacilante necesita decir: Dios no se interesa en mí…

A lo largo del áspero camino que conduce a la vida eterna hay también manantiales de gozo para refrescar a los fatigados. Los que andan en las sendas de la sabiduría se regocijan en gran manera, aun en la tribulación; porque Aquel a quien ama su alma marcha invisible a su lado. A cada paso hacia arriba disciernen con más claridad el toque de su mano; vividos fulgores de la gloria del Invisible alumbran su senda, y sus himnos de loor, entonados en una nota aún más alta, se elevan para unirse con los cánticos de los ángeles delante del trono. “La senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto” {El discurso maestro de Jesucristo, pp. 118,119).

Cada alma tiene un cielo que ganar y un infierno que evitar. Y los seres angelicales siempre están dispuestos a venir en ayuda del alma probada y tentada. El, el Elijo del Dios infinito, soportó la prueba y la aflicción en nuestro lugar. Delante de cada alma, se levanta vividamente la cruz del Calvario. Cuando sean juzgados los casos de todos, ellos [los perdidos] sean entregados para sufrir por haber despreciado a Dios, por no haber tomado en cuenta el honor divino y por su desobediencia, nadie tendrá una excusa, nadie necesitará haber perecido. Dependió de su propia elección quién habría de ser su príncipe. Cristo o Satanás. Toda la ayuda que recibió Cristo la puede recibir cada hombre en la gran prueba. La cruz se levanta como una promesa de que nadie necesita perderse, de que se da abundante ayuda para cada alma. Podemos vencer a los mismos agentes satánicos, o podemos unimos con los poderes que procuran contrarrestar la obra de Dios en nuestro mundo {Mensajes selectos, tomo 1, p. 112).

Dios nos ha dado la facultad de elección; a nosotros nos toca ejercitarla. No podemos cambiar nuestros corazones ni dirigir nuestros pensamientos, impulsos y afectos. No podemos hacemos puros, propios para el servicio de Dios. Pero sí podemos escoger el servir a Dios; podemos entregarle nuestra voluntad, y entonces él obrará en nosotros el querer y el hacer según su buena voluntad. Así toda nuestra naturaleza se someterá a la dirección de Cristo.

Mediante el debido uso de la voluntad, cambiará enteramente la conducta. Al someter nuestra voluntad a Cristo, nos aliamos con el poder divino. Recibimos fuerza de lo alto para mantenemos firmes. Una vida pura y noble, de victoria sobre nuestros apetitos y pasiones, es posible para todo el que une su débil y vacilante voluntad a la omnipotente e invariable voluntad de Dios {El ministerio de curación, pp. 131, 132).

Martes 15 de diciembre: Volver a Egipto

Librado de la cárcel por los oficiales babilonios, el profeta decidió echar su suerte con el débil residuo “de los pobres del país” que los caldeos dejaron para que fuesen “viñadores y labradores”. Sobre éstos, los babilonios pusieron a Gedalías como gobernador. Apenas transcurridos algunos meses, el recién designado gobernador fue muerto a traición. La pobre gente, después de pasar por muchas pruebas, se dejó finalmente persuadir por sus caudillos a refugiarse en la tierra de Egipto. Jeremías alzó la voz en protesta contra ese traslado. Rogó: “No entréis en Egipto”. Pero no se escuchó el consejo inspirado, y “todo el resto de Judá… hombres, y mujeres, y niños” huyeron a Egipto. “No obedecieron a la voz de Jehová: y llegaron hasta Tafnes” (Jeremías 43:2-7) {Profetas y reyes, p. 339).

En ausencia de Moisés, la congregación le demandó a Aarón que les hiciera dioses que fuesen delante de ellos y los guiaran de regreso a Egipto. Esto era un insulto a su Dirigente principal, el Hijo del Dios infinito. Solo unas pocas semanas antes, habían estado temblando de pavor y terror delante del monte, escuchando las palabras del Señor: “No tendrás dioses ajenos delante de mí” (Exodo 20:3). La gloria que santificó el monte cuando se oyó la voz que lo sacudió hasta sus fundamentos, todavía se cernía sobre la montaña a la vista de la congregación; pero los hebreos apartaron sus ojos y pidieron otros dioses. Moisés, su dirigente visible, se hallaba conversando con Dios en el monte. Olvidaron la promesa y la advertencia de Dios: “He aquí yo envío mi Angel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado. Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi nombre está en él” (Exodo 23:20, 21).

Los hebreos fueron cruelmente incrédulos y vilmente ingratos en su pedido profano: “Haznos dioses que vayan delante de nosotros” (Exodo 32:1). Si bien Moisés estaba ausente, la presencia del Señor permaneció con ellos; los israelitas no fueron abandonados. El maná continuó cayendo, y mañana y noche eran alimentados por una mano divina. La columna de nube durante el día y la columna de fuego por la noche significaban la presencia de Dios, la que era un memorial viviente ante ellos. La presencia divina no dependía de la presencia de Moisés. Pero al mismo tiempo en que él intercedía ante el Señor en el monte en su favor, ellos se precipitaban

para cometer errores vergonzosos, para caer en la transgresión de la ley que les había sido dada tan recientemente en forma grandiosa (Testimonios para la iglesia, tomo 3, p. 372).

Pablo instó a sus hermanos a preguntar qué influencia ejercerían sus palabras y hechos sobre los demás, y a no hacer nada, por inocente que fuera en sí mismo, que pareciera sancionar la idolatría u ofender los escrúpulos de los que fueran débiles en la fe. “Si pues coméis, o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo a gloria de Dios. Sed sin ofensa a Judíos, y a Gentiles, y a la iglesia de Dios”.

Las palabras de amonestación del apóstol a la iglesia de Corinto se aplican a todo tiempo, y convienen especialmente a nuestros días. Por idolatría, él no se refería solamente a la adoración de los ídolos, sino al servicio propio, al amor a la comodidad, a la complacencia de los apetitos y pasiones. Una mera profesión de fe en Cristo, un jactancioso conocimiento de la verdad, no hace cristiano a un hombre. Una religión que trata solamente de agradar a los ojos, a los oídos o al gusto, o que sanciona la complacencia propia, no es la religión de Cristo (Los hechos de los apóstoles, p. 255).

Miércoles 16 de diciembre: Llevados al exilio

Muchos que deberían levantar sus tiendas más cerca de la tierra de Ca- naán, las están erigiendo más cerca de Egipto. No están viviendo a la luz del Sol de Justicia. Muchos concurren a lugares de diversiones para complacer el gusto, pero no obtienen fortaleza espiritual al hacerlo, y finalmente se encontrarán en el lado de los perdedores. Estimular el amor a la diversión, es desanimar el amor a los ejercicios religiosos, porque el corazón se atiborra tanto con lo vulgar, con lo que le agrada al corazón natural, que no queda en él lugar para Jesús…

Para conocer los pensamientos de Dios se requiere la fe que obra por amor y purifica el alma. Hay quienes creen en Cristo; no lo consideran un impostor y creen que la Biblia es una revelación de su carácter divino Admiran sus santas doctrinas, y reverencian el nombre, el único nombre dado bajo el cielo en que podemos se salvos y, sin embargo, con todo este conocimiento, pueden ignorar tanto la gracia de Dios como el más vil pecador. No han abierto el corazón para que Jesús entre (A fin de conocerle, p. 309).

Glorioso es el triunfo que aguarda al fiel. El apóstol, comprendiendo las posibilidades que estaban por delante de los creyentes corintios, trató de exponerles algo que los elevara del egoísmo y la sensualidad y glorificase su vida con la esperanza de la inmortalidad. Fervorosamente los exhortó a ser leales a su alta vocación en Cristo. “Hermanos míos amados -les suplicó- estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es vano”.

Así el apóstol, de la manera más decidida y expresiva, se esforzó por corregir las falsas y peligrosas ideas y prácticas que prevalecían en la iglesia de Corinto. Habló claramente, pero con amor por sus almas. Mediante sus amonestaciones y reproches, brilló sobre ellos la luz del trono de Dios, para revelar los pecados ocultos que estaban manchando sus vidas. ¿Cómo sería recibida? (Los hechos de los apóstoles, pp. 258, 259).

Jueves 17 de diciembre: Desafío abierto

El pesar del profeta por la absoluta perversidad de aquellos que debieran haber sido la luz espiritual del mundo, su aflicción por la suerte de Sión y del pueblo llevado cautivo a Babilonia, se revela en las lamentaciones que dejó escritas como monumento recordativo de la insensatez que constituye el desviarse de los consejos de Jehová para seguir la sabiduría humana. En medio de las ruinas que veía en derredor, Jeremías podía decir: “Es por la misericordia de Jehová que no somos consumidos,” y su oración constante era: “Escudriñemos nuestros caminos, y busquemos, y volvámonos a Jehová” (Lamentaciones 3:22, 40). Mientras Judá era todavía reino entre las naciones, había preguntado a Dios: “¿Has desechado enteramente a Judá? ¿Ha aborrecido tu alma a Sión?” Y se había atrevido a suplicar: “Por amor de tu nombre no nos deseches.” (Jeremías 14:19, 21). La fe absoluta del profeta en el propósito eterno de Dios de sacar orden de la confusión, y de demostrar a las naciones de la tierra y al universo entero sus atributos de justicia y amor, le inducían ahora a interceder confiadamente por aquellos que se desviasen del mal hacia la justicia.

Pero Sión estaba ahora completamente destruida y el pueblo de Dios se hallaba en cautiverio. Abrumado de pesar, el profeta exclamaba: “¡Cómo está sentada sola la ciudad populosa! La grande entre las naciones se ha vuelto como viuda, la señora de provincias es hecha tributaria. Amargamente llora en la noche, y sus lágrimas en sus mejillas; no tiene quien la consuele de todos sus amadores: todos sus amigos le faltaron, volviéronse- le enemigos” (Profetas y reyes, pp. 339, 340).

La rebelión y la apostasía están en el aire mismo que respiramos. Seremos afectados por ellas a menos que vinculemos mediante la fe nuestras almas desvalidas con Cristo. Si los hombres son descarriados ahora con tanta facilidad, ¿cómo resistirán cuando Satanás personifique a Cristo y realice milagros? ¿Quiénes permanecerán inconmovibles por el engaño que presentará entonces, cuando profese ser Cristo y sea solamente Satanás que personifica a Cristo, y que aparentemente realiza las obra de Cristo? ¿Qué impedirá que el pueblo de Dios preste obediencia a los falsos cristos? “No vayáis” (Lucas 17:23).

Hay que comprender cabalmente las doctrinas. Los hombres que han aceptado predicar la verdad deben estar anclados; solo entonces su navio

resistirá las tormentas y las tempestades, porque el ancla lo mantendrá firme. Los engaños aumentarán; por eso debemos llamar la rebelión por el nombre que le corresponde. Debemos permanecer vestidos con toda la armadura. En este conflicto, no solo tenemos que luchar contra hombres, sino también contra principados y potestades. No luchamos contra sangre y carne. Leamos en nuestras iglesias con cuidado y con solemnidad el pasaje de Efesios 6:10-18 {Mensajes selectos, tomo 2, p. 455).

Viernes 18 de diciembre: Para estudiar y meditar

Profetas y reyes, pp. 494-502

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