Notas de Elena | Lección 13 | Lecciones de Jeremías | Escuela Sabática


 

Sábado 19 de diciembre

Jeremías también testificó del Redentor venidero como de un príncipe de la casa de David: “He aquí que vienen los días, dice Jehová, y despertaré a David renuevo justo, y reinará Rey, el cual será dichoso, y hará juicio y justicia en la tierra. En sus días será salvo Judá, e Israel habitará confiado: y éste será su nombre que le llamarán: Jehová, justicia nuestra”. Y nuevamente: “Porque así ha dicho Jehová: No faltará a David varón que se siente sobre el trono de la casa de Israel; y de los sacerdotes y levitas no faltará varón de mi presencia que ofrezca holocausto, y encienda presente, y que haga sacrificio todos los días” (Jeremías 23:5, 6; 33:17, 18) (Los hechos de los apóstoles, pp. 181, 182).

En aquellos que la posean, la religión de Cristo se revelará como un principio vivificador que todo lo penetra, una energía espiritual y viviente que obra. Se manifestará la frescura, el poder y el gozo de la perpetua juventud. El corazón que recibe la palabra de Dios no es como un pozo de agua que se evapora, ni como una cisterna rota que pierde su tesoro. Es como el torrente de la montaña alimentado por fuentes inagotables, cuyas aguas frescas y cristalinas saltan de una roca a otra, refrigerando al cansado, al sediento y al cargado (Palabras de vida del gran Maestro, pp. 100, 101).

Dios quiso enseñar al pueblo que debía acercarse a él con toda reverencia y veneración y exactamente como él indicaba. El Señor no puede aceptar una obediencia parcial. No bastaba que en el solemne tiempo del culto casi todo se hiciera como él había ordenado. Dios ha pronunciado una maldición sobre los que se alejan de sus mandamientos y no establecen diferencia entre las cosas comunes y las santas. Declara por medio del profeta: “¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz!… ¡Ay de los sabios en sus ojos, y de los que son prudentes delante de sí mismos!… ¡Los que dan por justo al impío por cohechos, y al justo quitan su justicia!… porque desecharon la ley de Jehová de los ejércitos, y abominaron la palabra del Santo de Israel” (Isaías 5:20-24).

Nadie se engañe a sí mismo con la creencia de que una parte de los mandamientos de Dios no es esencial, o que él aceptará un substituto en reemplazo de lo que él ha ordenado. El profeta Jeremías dijo: “¿Quién será aquel que diga, que sucedió algo que el Señor no mandó?” (Lamentaciones 3:37). Dios no ha puesto ningún mandamiento en su Palabra que los hombres puedan obedecer o desobedecer a voluntad sin sufrir las consecuencias. Si el hombre elige cualquier otro camino que no sea el de la estricta obediencia, encontrará que “su fin son caminos de muerte” (Proverbios 14:12) {Patriarcas y profetas, pp. 374, 375).

Las gloriosas posibilidades presentadas ante Israel se podían realizar únicamente mediante la obediencia a los mandamientos de Dios. La misma elevación de carácter, la misma plenitud de bendición -bendición de la mente, el alma y el cuerpo, bendición del hogar y del campo, bendición para esta vida y la venidera-, podemos obtenerlas únicamente por medio de la obediencia.

Tanto en el mundo espiritual como en el natural, la obediencia a las leyes de Dios es la condición para llevar fruto. Y cuando los hombres enseñan a la gente a desobedecer los mandamientos de Dios, están impidiendo que den fruto para su gloria. Son culpables de retener del Señor los frutos de su viña {Palabras de vida del gran Maestro, p. 247).

Domingo 20 de diciembre: El Dios de Jeremías

Necesitamos entender que individualmente somos socios de Dios. “Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor -nos amonesta y añade-, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad” (Filipenses 2:12, 13). Aquí vemos la colaboración que existe entre los instrumentos divinos y los humanos…

Se necesita la lluvia temprana y la tardía. “Somos colaboradores de Dios” (1 Corintios 3:9). Solo el Señor puede dar las preciosas lluvias temprana y tardía. Las nubes, la luz del sol, el rocío de la noche, son las más preciadas provisiones del cielo. Pero todos estos favores generosamente derramados por el cielo serán de muy poco valor para los que no se apropien de ellos mediante esfuerzos diligentes y penosos. La agricultura requiere esfuerzos personales. Hay que arar primero y arar cruzado después. Hay que disponer de implementos y maquinarias, y la pericia humana los tiene que usar. Hay que sembrar la semilla a su debido tiempo. Hay que tener en cuenta las leyes que controlan el tiempo de sembrar y cosechar, pues de lo contrario no habrá cosechas…

De esa manera se ilustra la coparticipación que debe existir entre lo humano y lo divino. Todo el poder pertenece a Dios. “Separados de mí – dice Cristo- nada podéis hacer” (S. Juan 15:5). Por lo tanto, ¿cuántas horas podremos trabajar seguros sin el Señor? Toda la gloria procede de Dios y le debiera ser atribuida de todas las maneras posibles, mediante nuestra cooperación con él…

Necesitamos considerar cuidadosamente nuestro propio interés espiritual. Si moramos en Cristo, no permitiremos que ninguna ambiciosa transacción comercial, incluso para servir a Dios, anule la fragancia espiritual que debiera caracterizar nuestra relación con nuestros hermanos (Cada día con Dios, p. 276).

Este mundo diminuto fue escena de la encamación y el sufrimiento del Hijo de Dios. Cristo no fue a los mundos que no habían caído, sino que vino a este mundo, todo mancillado y quemado por la maldición. La perspectiva no era favorable, sino muy desalentadora. Sin embargo, “no se cansará, ni desmayará, hasta que ponga en la tierra juicio” (Isaías 42:4).

Debemos tener presente el gran gozo manifestado por el Pastor al recobrar la oveja perdida. Llama a sus vecinos y dice: “Dadme el parabién, porque he hallado la oveja que se había perdido”. Y por todo el cielo repercute la nota de gozo. El Padre mismo se regocija con canto por el alma rescatada. ¡Qué santo éxtasis de gozo se expresa en esta parábola! Y es nuestro privilegio participar de este gozo (Joyas de los testimonios, tomo 2, pp. 407, 408).

Así como sucedió con nuestro Salvador, estamos en este mundo para servir a Dios. Estamos aquí para asemejamos a Dios en carácter, y manifestarle al mundo por medio de una vida de servicio. Para ser colaboradores con Dios, a fin de asemejamos a él y revelar su carácter, debemos conocerle tal como es, tal como él mismo se revela (El ministerio de curación, p. 318).

Lunes 21 de diciembre: Ritos y pecado

“Oíd palabra de Jehová, todo Judá, los que entráis por estas puertas para adorar a Jehová. Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Mejorad vuestros caminos y vuestras obras, y os haré morar en este lugar. No fiéis en palabras de mentira, diciendo: Templo de Jehová, templo de Jehová, templo de Jehová es éste. Mas si mejorareis cumplidamente vuestros caminos y vuestras obras; si con exactitud hiciereis derecho entre el hombre y su prójimo, ni oprimiereis al peregrino, al huérfano, y a la viuda, ni en este lugar derramareis la sangre inocente, ni anduviereis en pos de dioses ajenos para mal vuestro; os haré morar en este lugar, en la tierra que di a vuestros padres para siempre” (Jeremías 7:2-7).

Estas palabras demuestran vividamente la poca voluntad que tiene el Señor para castigar. Retiene sus juicios para suplicar a los impenitentes. El que ejerce “misericordia, juicio, y justicia en la tierra” (Jeremías 9:14), siente profundos anhelos por sus hijos errantes; y de toda manera posible procura enseñarles el camino de la vida eterna. Había sacado a los israelitas de la servidumbre para que le sirviesen a él, único Dios verdadero y viviente. Aunque durante mucho tiempo se habían extraviado en la idolatría y habían despreciado sus amonestaciones, les declara ahora su buena voluntad para postergar el castigo y para darles otra oportunidad de arrepentirse.

Les indica claramente que tan solo mediante una reforma cabal del corazón podía evitarse la ruina inminente. Vana sería la confianza que pusiesen en el templo y sus servicios. Los ritos y las ceremonias no podían expiar el pecado. A pesar de su aserto de ser el pueblo escogido de Dios, únicamente la reforma del corazón y de las prácticas en la vida podía salvarlos del resultado inevitable de la continua transgresión {Profetas y reyes, p. 304).

El corazón debe aceptar primero la verdad como es en Jesús. Este es el fundamento de la verdadera religión. La convicción de pecado comienza entonces a hacerse sentir; el alma enferma de pecado, siente su necesidad de un médico y viene a Jesús de Nazaret en busca de perdón. Alistándose en la guerra contra el enemigo, mira a Jesús en busca de fortaleza para resistir la tentación. Persevera velando en oración y escudriña las Escrituras. Las verdades de la Biblia se ven iluminadas por una luz nueva e intensamente interesante, y el Espíritu de Dios le revela su solemne importancia. Estudia la vida de Cristo, y mientras más claramente discierne la pureza inmaculada del carácter del Salvador, menos confianza tiene en su propia justicia; mientras más de cerca y con mayor perseverancia fija su atención en Jesús, menos perfección descubre en sí mismo. Su justicia propia desaparece, y cae, impotente y quebrantado, sobre la roca que es Cristo Jesús. El tentador podrá acosarlo, y ocasionalmente puede sentir desánimo y ser tentado a pensar que Dios no lo aceptará; pero, aceptando implícitamente la Palabra de Dios, y rogando que se cumplan sus seguras promesas, se abre paso a través de las tinieblas hasta salir a la clara luz del amor de Cristo {Exaltad a Jesús, p. 267).

Martes 22 de diciembre: Religión del corazón

Cada uno deberá dar cuenta de sí mismo a Dios. Él nos ha dado su ley como espejo en el cual podemos descubrir los defectos de nuestro carácter. No hemos de mirar este espejo con el propósito de ver reflejados los defectos de nuestro vecino ni de observar si él llega a la altura de la norma, sino para ver nuestras imperfecciones a fin de eliminarlas. El conocimiento no es todo lo que necesitamos; debemos seguir la luz. No se nos deja elegir por nuestra cuenta, para obedecer lo que nos agrada y desobedecer cuando nos conviene más. La obediencia es mejor que el sacrificio {Joyas de los testimonios, tomo 1, p. 313).

Tenemos una labor personal, una responsabilidad individual, una cuenta personal que rendir, y es nuestra propia salvación la que debemos asegurar, porque es un asunto de preocupación individual… La piedad y la obediencia de otros no nos salvarán ni harán la obra que nosotros deberíamos hacer. Sus esfuerzos nunca se registrarán frente a nuestros nombres como esfuerzos nuestros…

Dios nos ha dejado una obra a cada uno, no el trabajo temporal como plantar, cosechar y guardar la cosecha, sino edificar su reino, conducir a las almas al conocimiento de la verdad, y considerar éste como nuestro deber primero y más elevado. Dios tiene derecho sobre nosotros. Nos ha dotado de capacidades y nos ha dado oportunidades, si queremos verlas y aprovecharlas. Ninguno fuera de nosotros individualmente, puede cumplir estas obligaciones hacia Dios. La delincuencia de otros… no será una excusa para que cualquiera siga su ejemplo, porque Cristo se alza como el único Modelo verdadero, inmaculado, puro, incorrupto…

Hay quienes se asocian para hacer el mal, y piensan que con esto pierden su responsabilidad individual. Pero Dios los considera responsables por cada acto realizado que tienda a contrarrestar la obra de Cristo; ya sea que estén unidos con muchos o con pocos, el pecado es el mismo. Somos responsables individualmente. Nosotros mismos debiéramos constituir nuestra preocupación. ¿Estamos edificando el reino de Dios en nuestras palabras y acciones, o lo estamos destruyendo? Cristo nos dice a cada uno: “Sígueme”. Que seamos encontrados seguidores de Jesucristo.

Ahora es nuestra hora de trabajar. Ahora es tiempo de formar caracteres de acuerdo al Modelo divino… Si conocemos a Cristo, lo revelaremos a otros. “Como tú me enviaste al mundo, también los he enviado al mundo” (Juan 17:18). El vino al mundo para representar al Padre, y la obra que nos ha encomendado consiste en representar su carácter. No podemos excusamos de hacer esta obra (Nuestra elevada vocación, p. 305).

A nadie se le impide alcanzar, en su esfera, la perfección de un carácter cristiano. Por el sacrificio de Cristo se ha provisto para que los creyentes reciban todas las cosas que pertenecen a la vida y la piedad. Dios nos invita a que alcancemos la norma de perfección y pone como ejemplo delante de nosotros el carácter de Cristo. En su humanidad, perfeccionada por una vida de constante resistencia al mal, el Salvador mostró que cooperando con la Divinidad los seres humanos pueden alcanzar la perfección de carácter en esta vida. Esa es la seguridad que nos da Dios de que nosotros también podemos obtener una victoria completa (Los hechos de los apóstoles, p. 424).

Miércoles 23 de diciembre: El crepúsculo de los ídolos

El corazón debe limpiarse de orgullo, ambición, engaño, odio y egoísmo. Muchas personas han subyugado parcialmente estos rasgos negativos, pero no los han desarraigado completamente del corazón. Cuando las circunstancias son favorables vuelven a crecer y a madurar en una rebelión contra Dios. En esto hay un peligro terrible, No eliminar algún pecado significa acariciar un enemigo que solo espera un momento de descuido para causar nuestra mina… La gracia divina es nuestra única esperanza (Exaltad a Jesús, p. 137).

¡Cuán pocos son los que se dan cuenta de que tienen ídolos favoritos y acarician pecados! Dios ve estos pecados que vosotros no veis quizás pero los conserváis, y obra con su podadera para separarlos de vosotros. Todos queréis elegir por vosotros mismos el proceso de purificación. ¡Cuánto os cuesta someteros a la crucifixión del yo! Pero cuando se somete todo a la obra del Dios que conoce nuestras debilidades y nuestra pecaminosidad, él emplea el mejor método para producir los resultados deseados.

Enoc anduvo con Dios por medio de un conflicto constante y una fe sencilla. Todos podéis hacer lo mismo. Podéis convertiros, transformaros cabalmente, ser de veras hijos de Dios, y disfrutar no solo del conocimiento de su voluntad, sino conducir también por vuestro ejemplo a otros por la misma senda de humilde obediencia y consagración. La verdadera piedad se difunde y comunica. El salmista dice: “No encubrí tu justicia dentro de mi corazón; tu verdad y tu salvación he dicho; no oculté tu misericordia y tu verdad en grande concluso” (Salmo 40:10). Dondequiera que haya amor de Dios, hay también deseo de expresarlo (Joyas de los testimonios, tomo 1, pp. 428,429).

Por medios engañosos y conductos invisibles, Satanás está trabajando para fortalecer su autoridad y poner obstáculos en el camino del pueblo de Dios, a fin de que las almas no queden libres de su poder, y reunidas bajo el estandarte de Cristo. Por sus engaños, está tratando de seducir y apartar de Cristo a las almas, y aquellos que no estén establecidos en la verdad quedarán seguramente entrampados por él. A aquellos a quienes no pueda inducir a pecar, los perseguirá, como los judíos a Cristo…

Satanás espera envolver al pueblo remanente de Dios en la ruina general que está por sobrevenir a la tierra. A medida que la venida de Cristo se acerque, será más resuelto y decidido en sus esfuerzos para vencerlo. Se levantarán hombres y mujeres, profesando tener alguna nueva luz o alguna nueva revelación que tenderá a conmover la fe en los antiguos hitos. Sus doctrinas no soportarán la prueba de la Palabra de Dios, pero habrá almas que serán engañadas. Harán circular falsos informes, y algunos serán prendidos en esta trampa. Creerán estos rumores, y a su vez los repetirán, y así se formará un vínculo que los ligue con el gran engañador. Ese espíritu no se manifestará siempre desafiando abiertamente los mensajes que Dios envía; pero un decidido descreimiento se expresa de muchas maneras. Cada declaración falsa alimenta y fortalece ese descreimiento, y por este medio, muchas almas serán inclinadas en la dirección errónea.

No podemos ejercer demasiado cuidado contra toda forma de error, porque Satanás está tratando constantemente de apartar a los hombres de la verdad (Joyas de los testimonios, tomo 2, pp. 106, 107).

Jueves 24 de diciembre: El remanente

Las promesas de Dios comprenden todas las bendiciones espirituales que necesitan los seres mortales débiles y pecadores que no pueden salvarse

ni bendecirse a sí mismos. Lo que debiera causar el gozo más profundo es el hecho de que Dios perdona el pecado. Si aceptamos su promesa y abandonamos nuestros pecados, está listo y dispuesto a limpiamos de toda injusticia. Nos dará un corazón puro y la presencia permanente de su Espíritu pues Jesús vive para interceder por nosotros. Pero… las cosas espirituales se disciernen espiritualmente. Una fe vivaz, activa y permanente es la que discierne la voluntad de Dios, la que se apropia de las promesas y se beneficia con las verdades de su Palabra. No es porque somos justos, sino porque somos necesitados, imperfectos, descarriados e impotentes por nosotros mismos por lo que debemos depender de la justicia de Cristo y no de la nuestra.

Cuando recibáis las palabras de Cristo como si os fueran dirigidas personalmente, cuando os apliquéis la verdad individualmente como si fuerais el único pecador sobre la faz de la tierra por el cual murió Cristo, aprenderíais a reclamar por fe los méritos de la sangre de un Salvador crucificado y resucitado…

Muchos sienten que sus defectos de carácter les hacen imposible hacer frente a la norma que ha levantado Cristo; pero todo lo que deben hacer los tales es humillarse a cada paso bajo la poderosa mano de Dios…

Cuando él [Cristo] ve a los hombres levantando las cargas, tratando de llevarlas con mente humilde, desconfiando de sí mismos y confiando en él, añade a la obra de ellos la perfección y suficiencia de él, y eso es aceptado por el Padre. Somos aceptos en el Amado. Los defectos del pecador son cubiertos por la perfección y plenitud del Señor, Justicia nuestra. Los que con voluntad sincera y corazón contrito se esfuerzan humildemente para vivir a la altura de los requerimientos de Dios, son considerados por el Padre con amor compasivo y tierno {En lugares celestiales, p. 23).

Viernes 25 de diciembre: Para estudiar y meditar

Profetas y reyes, pp. 533-542.

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