Lunes 10 de noviembre: El poder de la palabra
El habla es uno de los grandes dones de Dios para el hombre. La lengua es un miembro pequeño, pero las palabras que forma, hechas audibles por la voz, tienen un gran poder… El talento del habla lleva consigo una gran responsabilidad. Se necesita vigilarlo cuidadosamente, pues es un gran poder tanto para el mal como para el bien (Comentario bíblico adventista, tomo 3, p. 1160). El talento del habla se dio a fin de ser empleado para beneficiar a todos. Las palabras placenteras y gozosas no cuestan más que las palabras desagradables y malhumoradas. Las palabras duras hieren y lastiman el alma. En esta vida todos tienen dificultades que solucionar. Cada uno se encuentra frente a aflicciones y desilusiones. ¿No llevaremos luz en lugar de oscuridad a las vidas de aquellos con quienes nos relacionamos? ¿No pronunciaremos palabras que ayuden y bendigan? Tales palabras serán una bendición tanto para nosotros como para aquellos a quienes se las decimos. Padres, no permitáis la crítica en vuestro hogar. Enseñad a vuestros hijos a hablar palabras agradables, palabras que lleven luz y alegría. Los ángeles no son atraídos a un hogar donde reina la discordia. Llevad la piedad práctica al hogar. Preparaos vosotros y preparad a vuestros hijos para entrar en la ciudad de Dios. Los ángeles serán vuestros ayudadores. Satanás os tentará, pero no cedáis. No pronunciéis una sola palabra que pueda proporcionarle ventaja al enemigo. Día a día estamos sembrando semillas para la cosecha futura. No podemos ser demasiado cuidadosos con la semilla que sembramos mediante nuestras palabras. A menudo las palabras se pronuncian descuidadamente y se olvidan, pero estas palabras para el bien o para el mal, producirán una cosecha. Sembrad una palabra dura y sin bondad, y esta semilla, encontrando suelo fértil en la mente de los oyentes, brotará y llevará fruto según su especie. Sembrad una semilla mediante palabras amantes, gentiles y cristianas, y producirán una rica recompensa. Cuidémonos para que no hablemos palabras que no son una bendición sino una maldición. Si sembramos trigo, cosecharemos trigo. Si sembramos cizaña, cosecharemos cizaña. Y la cosecha, sea de trigo o de cizaña, será segura y abundante. “No os engañéis; Dios no puede ser burlado; que todo lo que el hombre sembrare, eso también segará” (Gálatas 6:7). La cosecha es segura; ninguna helada la agostará, ningún gusano la destruirá. Dios pide a sus hijos que cuiden sus palabras (Nuestra elevada vocación, p. 296).

(303)

DEJA UN COMENTARIO

Comentarios

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*