Lunes 14 de abril:
Mandamientos humanos
Muchas de las tradiciones judías eran tan indignas en carácter que abarataban la verdadera religión. Pasaban de generación en generación hasta que muchos las consideraban como palabra de Dios. Estas tradiciones humanas, tan necias e inconsistentes, eran colocadas en igualdad con la ley moral, de tal manera que en el tiempo de la primera venida de Cristo la doctrina pura había sido sustituida por falsas ideas. El egoísmo, el orgullo y las prácticas corruptas habían hecho perder la integridad del alma de la nación judía, de tal manera que le robaban a Dios el servicio que le debían y le robaban a sus prójimos la posibilidad de una guía religiosa y un ejemplo santos. La palabra de Dios había desaparecido de sus concilios y sus almas eran víctimas maniatadas en el altar de Mamón.
Cristo no daba importancia a estas invenciones humanas pues deseaba distinguir entre las teorías humanas y los sagrados requerimientos de Dios. Cuando los fariseos lo acusaron, Jesús les respondió: “Invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición. Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre; y: El que maldiga al padre o a la madre, muera irremisiblemente.
Pero vosotros decís: Basta que diga un hombre al padre o a la madre: Es Corbán (que quiere decir, mi ofrenda a Dios) todo aquello con que pudiera ayudarte, y no le dejáis hacer más por su padre o por su madre, invalidando la palabra de Dios con vuestra tradición que habéis transmitido” (S. Marcos 7:9-13).
La ley de Dios requiere que un hijo honre a sus padres, los cuide cuando son ancianos y supla sus necesidades. Pero estos falsos maestros enseñaban que era mucho más importante consagrar su propiedad para el servicio del templo. Entonces, cuando los padres requirieran su ayuda, podían decir: “Es Corbán; ya está dedicado a Dios”. Y si lo hijos deseaban anular su voto para ayudar a sus padres, lo consideraban un sacrilegio y les recordaban que lo que se había prometido a Dios debía cumplirse. De esta manera, bajo la excusa de una acción piadosa, estos maestros aprobaban que los jóvenes dejarán de cumplir el quinto mandamiento, haciendo que sus padres, a quienes pertenecía la propiedad, en lugar de tener una vejez feliz, fueran dejados en angustia y aflicción. El ojo que todo lo ve, podía discernir que detrás de esta acción había propósitos egoístas, y declaró con Isaías: “Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres. Porque dejando el mandamiento de Dios, os aferáis a la tradición de los hombres; los lavamientos de los jarros y de los vasos de beber; y hacéis otras muchas cosas semejantes” (S. Marcos 7:7, 8) (Signs of the Times, 3 de enero de 1900).
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