Notas de Elena | Lunes 15 de junio | Jerusalén: Purificación del templo | Escuela Sabática


Lunes 15 de junio:

Jerusalén: Purificación del templo

Cuando Jesús comenzó su ministerio público, limpió el templo de su profanación sacrílega. Entre los últimos actos de su ministerio figura la segunda purificación del templo. Así también en la obra final de amonestación al mundo, se hacen dos llamados a las iglesias. El mensaje del segundo ángel es: “Ha caído, ha caído Babilonia, la gran ciudad, porque ha hecho beber a todas las naciones del vino del furor de su fornicación” (Apocalipsis 14:8). Y en la proclamación en alta voz del mensaje del tercer ángel, se oye una voz que dice desde el cielo: “Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas; porque sus pecados han llegado hasta el cielo, y Dios se ha acordado de sus maldades” (Apocalipsis 18:4, 5) (Mensajes selectos, t. 2, p. 135). “Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo” (1 Corintios 3:11). “Porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12). Cristo el Verbo, la revelación de Dios –la manifestación de su carácter, su ley, su amor, su vida– es el único fundamento sobre el cual podemos edificar un carácter que perdurará… Hemos de ser hijos e hijas de Dios que crecen como un templo santo en el Señor. “Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios… edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo” (Efesios 2:19, 20). Este es nuestro privilegio… Nuestro guía es la Luz del mundo, y la senda se ha tornado más brillante a medida que hemos avanzado en las pisadas de Jesús. ¡Mantengámonos cerca de nuestro Guía! (En lugares celestiales, p. 130). ¿Deseamos llegar a ser discípulos de Cristo, pero no sabemos cómo principiar? ¿Estamos en la oscuridad y no sabemos cómo hallar la luz? Sigamos la luz que poseemos. Dispongamos nuestro corazón para obedecer lo que sabemos de la Palabra de Dios, en la cual reside su poder, su misma vida. A medida que recibamos la Palabra con fe, ella nos dará poder para obedecer. Si prestamos atención a la luz que tenemos, recibiremos más luz. Edificaremos sobre la Palabra de Dios y nuestro carácter se formará a semejanza del carácter de Cristo. Cristo, el verdadero fundamento, es una piedra viva; su vida se imparte a todos los que son edificados sobre él. “Vosotros también como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual”. Y “todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor”. Las piedras se unifican con el fundamento, porque en todo mora una vida común, y ninguna tempestad puede destruir ese edificio (El discurso maestro de Jesucristo, p. 126).

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