Notas de Elena | Lunes 16 de enero 2017 | Los atributos divinos del Espíritu Santo | Escuela Sabática


Lunes 16 de enero: Los atributos divinos del Espíritu Santo
Cristo dijo acerca del Espíritu: “Él me glorificará”. Juan 16:14. Así como Cristo glorificó al Padre por la demostración de su amor, así el Espíritu habría de glorificar a Cristo revelando al mundo las riquezas de su gracia. La misma imagen de Dios debe ser reproducida en la humanidad. El honor de Dios, el honor de Cristo, está implicado en la perfección del carácter de su pueblo… El Espíritu obra en nosotros trayendo a menudo a la mente y en forma vivida las preciosas verdades del plan de redención. Olvidaríamos esas verdades y las ricas promesas de Dios perderían para nosotros su eficacia, si no fuera por el Espíritu, que toma las cosas de Dios y nos las muestra…
El Espíritu ilumina nuestras tinieblas, informa nuestra ignorancia, y nos ayuda en nuestras múltiples necesidades. Pero la mente debe buscar a Dios en forma constante. Si se permite que la mundanalidad entre en ella, si no tenemos deseos de orar, ni deseos de estar en comunión con él, quien es la fuente de la fortaleza y la sabiduría, el Espíritu no permanecerá en nosotros. Los incrédulos no reciben la rica dotación de gracia que los haría sabios para la salvación, pacientes, perdonadores, rápidos para percibir y apreciar las ministraciones celestiales, prontos en discernir las trampas de Satanás, y fuertes para resistir el pecado. La religión de Cristo significa más que el perdón del pecado; significa que el pecado es quitado y que el vacío es llenado con el Espíritu. Significa que la mente es divinamente iluminada, que el corazón es vaciado del yo, y llenado con la presencia de Cristo. Cuando esta obra sea realizada por los miembros de la iglesia, la iglesia será una iglesia viva y activa (Nuestra elevada vocación, p. 156).
Aunque Dios no mora en templos hechos por manos humanas, honra con su presencia las asambleas de sus hijos. Prometió que cuando se reuniesen para buscarle, para reconocer sus pecados, y orar unos por otros, él los acompañaría por su Espíritu (Profetas y reyes, p. 35).
Cuando Cristo ascendió a los cielos, la sensación de su presencia permaneció aun con los que le seguían. Era una presencia personal, llena de amor y luz… Y desde aquel día Cristo había de morar continuamente por el Espíritu en el corazón de sus hijos. Su unión con ellos era más estrecha que cuando él estaba personalmente con ellos. La luz, el amor y el poder de la presencia de Cristo, resplandecían en ellos, de tal manera que los hombres, mirándolos ‘se maravillaban,’ y al fin los reconocían que eran de los que habían estado con Jesús. Hechos 4:13. Todo lo que Cristo fue para sus primeros discípulos, desea serlo para sus hijos hoy. Podemos ser fuertes en el Señor y en la potencia de su fortaleza. Al recibir a Cristo, quedamos revestidos de su potencia. Cuando el Salvador habita en nosotros, su fuerza viene a ser nuestra… La presencia de Cristo en el corazón es un poder vitalizador, que fortalece el ser entero. Nunca penséis que Cristo está lejos. Siempre está cerca. Su amorosa presencia os circunda (The Faith I Live By, p. 62; parcialmente enLa fe por la cual vivo, p. 64).

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