Lunes 17 de noviembre: Dos clases de sabiduría

La verdadera sabiduría es un tesoro tan duradero como la eternidad. Muchos de los que el mundo llama sabios solo son en su propia estima. Contentos con la adquisición de la sabiduría mundana, nunca entran en el huerto de Dios para familiarizarse con los tesoros de conocimiento encerrados en su santa Palabra. Haciéndose sabios, son ignorantes de la sabiduría que todos debemos tener para ganar la vida eterna. Albergan desprecio por el Libro de Dios, que si fuera estudiado y obedecido los haría realmente sabios. Para ellos la Biblia es un misterio impenetrable; y les son oscuras las grandiosas y profundas verdades del Antiguo y del Nuevo Testamento, porque no disciernen espiritualmente las verdades espirituales. Necesitan aprender que el temor de Jehová es el principio de la sabiduría, y que sin esa sabiduría vale poco su conocimiento.
Los que se esfuerzan por lograr una educación científica, pero no han aprendido la lección que el temor de Dios es el principio de la sabiduría, proceden incapazmente y sin esperanza, dudando de la realidad de todo. Pueden adquirir una educación científica, pero a menos que obtengan un conocimiento de la Biblia y un conocimiento de Dios, no poseen la verdadera sabiduría. El iletrado, si conoce a Dios y a Jesucristo, tiene más sabiduría perdurable que el más instruido que desprecia la instrucción de Dios (Comentario bíblico adventista, tomo 3, p. 1174).
El Señor puede proveer a hombres y mujeres de todo lo que necesitan, pero sus dones son concedidos solamente a quienes harán buen uso de ellos. A algunos él les concede mayor discernimiento que a otros porque ve que lo usarán para su gloria. Cuando un obrero desea sabiduría celestial más que riquezas, poder o fama, Dios no lo desilusionará; el gran Maestro le enseñará no solamente qué hacer sino cómo hacerlo para recibir la aprobación divina.
Aquel a quien el Señor le ha concedido especial sabiduría, estará capacitado para entrenar a sus asociados a ser entendidos, confiables y fieles a los principios. Será un ejemplo de celo consagrado, sabio consejo y piadosa conducta que inspirará a sus compañeros. No los llevará a exaltarlo ni depender de él, sino los invitará a ir a la Fuente de la verdadera sabiduría para recibir la ayuda que necesitan. El que dijo: “He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20), guiará y enseñará a todos aquellos que lo reconocen como su dirigente e instructor (Review and Herald, 26 de octubre de 1905).
www.escuelasabatica.es

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