Notas de Elena | Lunes 18 de septiembre 2017 | Cuidado con la tentación | Escuela Sabática

Lunes 18 de septiembre: Cuidado con la tentación

Las promesas de Dios no son para que las reclamemos imprudentemente, para protegemos mientras corremos temerariamente hacia el peligro, violando las leyes de la naturaleza, o desentendiéndonos de la prudencia y del juicio que Dios nos ha dado. Esto no sería una fe genuina, sino presunción… Satanás acude a nosotros con honor mundano, riquezas y los placeres de la vida. Estas tentaciones son variadas, para adaptarlas a hombres de toda categoría y condición, para tentarlos y alejarlos de Dios, para servirse a sí mismos más que a su Creador. “Todo esto te daré, si postrado me adorares” (Mateo 4:9), le dijo Satanás a Cristo. Y Satanás le dice al hombre: “Todo esto te daré”. “Todo este dinero, toda esta tierra, todo este poder, y honor, y riquezas te daré”; y el hombre queda encantado, engañado, y traidoramente arrastrado a su ruina. Si nos entregamos a la mundanalidad del corazón y de la vida, Satanás está satisfecho (Mente, carácter y personalidad, t. 1, p. 25).

Al notar los discípulos cómo sus labores tenían éxito, corrían peligro de atribuirse el mérito a sí mismos, de sentir orgullo espiritual, y así caer bajo las tentaciones de Satanás. Les esperaba una gran obra, y ante todo debían aprender que su fuerza no residía en sí mismos, sino en Dios. Como Moisés en el desierto del Sinaí, como David entre las colinas de Judea, o Elias a orillas del arroyo de Querit, los discípulos necesitaban apartarse del escenario de su intensa actividad, para ponerse en comunión con Cristo, con la naturaleza y con su propio corazón (El Deseado de todas las gentes, p. 327).

Los que profesan ser siervos del Dios viviente deben estar dispuestos a ser siervos de todos, en vez de creerse exaltados sobre los hermanos, y deben poseer un espíritu bondadoso y cortés. Si llegan a errar, deben estar dispuestos a confesarlo cabalmente. La sinceridad de las intenciones no puede usarse como excusa por no confesar los errores. La confesión no reduciría la confianza de la iglesia en el mensajero, mientras que él daría un buen ejemplo; se alentaría un espíritu de confesión en la iglesia, y el resultado sería una dulce unión. Los que profesan ser maestros, deben ser dechados de piedad, mansedumbre y humildad, es decir, deben poseer un espíritu bondadoso, a fin de ganar almas para Jesús y la verdad de la Biblia (Primeros escritos, p. 102).

Os ruego en el nombre de Jesús de Nazaret que desterréis todo lo que se asemeje al orgullo espiritual y el amor a la supremacía. Convertíos en niñitos, ya que cuando termine la lucha, llegaréis a ser miembros de la familia real, hijos del Rey celestial. Leed Juan 17 una y otra vez. Esa oración que nuestro Salvador elevó a su Padre en favor de sus discípulos es digna de repetirse a menudo, y de ser practicada en la vida diaria. Alzará al hombre caído, porque el Señor ha prometido que si conservamos esta unidad, Dios nos amará como amó a su Hijo; el pecador se salvará, y Dios será glorificado eternamente (Hijos e hijas de Dios, p. 297).

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