Notas de Elena | Lunes 20 de febrero 2017 | Dios, el soberano dador de los dones espirituales | Escuela Sabática


Lunes 20 de febrero: Dios, el soberano dador de los dones espirituales

Las diferencias de carácter existen por naturaleza, pero nuestra unidad depende del grado en el cual nos sometamos a la influencia transformadora del Espíritu de Dios. Algunas personas, mediante la gracia de Cristo, poseen preciosos rasgos de carácter, una disposición bondadosa y alegre; aun sus reproches están llenos de ternura, porque el Espíritu de Cristo parece manifestarse en ellos… El poder de su gracia moldeará y preparará el carácter de acuerdo al Modelo divino, renovándolo en ternura y belleza, en conformidad con su propia bendita imagen… (Nuestra elevada vocación, p. 171).
Cuando el Salvador dijo: “Id, y doctrinad a todos los Gentiles,” dijo también: “Estas señales seguirán a los que creyeren: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; quitarán serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les dañará; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán”. La promesa es tan abarcante como el mandato. No porque todos los dones hayan de ser impartidos a cada creyente. El Espíritu reparte “particularmente a cada uno como quiere” (1 Corintios 12:11). Pero los dones del Espíritu son prometidos a todo creyente conforme a su necesidad para la obra del Señor. La promesa es tan categórica y fidedigna ahora como en los días de los apóstoles. “Estas señales seguirán a los que creyeren”. Tal es el privilegio de los hijos de Dios, y la fe debe echar mano de todo lo que puede tener como apoyo {El Deseado de todas las gentes, p. 762).
En todo esfuerzo, en todo lugar donde se introduce la verdad, hay necesidad de unir diferentes mentes, diferentes dones, diferentes planes y métodos de labor. Todos deben hacer que su práctica habitual sea consultarse mutuamente y orar los unos con los otros. Cristo dice: “Si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos” (Mateo 18:19). Ningún obrero individual tiene toda la sabiduría que se necesita. Debe haber comparación de planes, intercambio en consejos de uno con el otro. Ninguna persona en particular debe creerse suficiente como para manejar el interés de algún lugar prescindiendo de sus ayudantes.
Un hombre puede tener tacto en un sentido, pero puede ser un fracaso decidido en algunos puntos esenciales. Esto hace que su obra sea imperfecta. Necesita el tacto mental y el talento de otro hombre para combinarlos con sus esfuerzos. Todos deben estar en perfecta armonía mutua en la obra. Si pueden trabajar solamente con los que ven las cosas como ellos y siguen sus planes, entonces fracasarán. La obra será defectuosa porque ninguno de estos obreros ha aprendido las lecciones en la escuela de Cristo que los haga aptos para presentar a todo hombre perfecto en Cristo Jesús. Todos deben estar progresando constantemente. Deben echar mano de toda oportunidad para aprovechar hasta el máximo todo privilegio, hasta que lleguen a ser mejor dotados para su obra grande y solemne.
Pero Dios ha puesto en la iglesia diferentes talentos. Todos estos son preciosos en su lugar, y cada uno ha de desempeñar una parte en la perfección de los santos.
Esta es la orden de Dios, y los hombres deben trabajar según sus reglas y sus disposiciones si anhelan tener éxito. Dios aceptará solamente los esfuerzos que se hagan en forma voluntaria y con corazones humildes, sin los rasgos de sentimientos personales de egoísmo (Mensajes selectos, t.3, pp.25,26).

Notas de Elena para la Escuela Sabática | Lección 8 | Para el 25 de febrero 2017 | El Espíritu Santo y los dones del Espíritu | El Espíritu Santo y la Espiritualidad | Primer trimestre 2017 | Guía de Estudio de la Biblia – Maestros – Alumnos | Iglesia Adventista del Séptimo Día

(323)

DEJA UN COMENTARIO

Comentarios

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*