Notas de Elena | Lunes 20 de marzo 2017 | La necesidad de justicia | Escuela Sabática


Lunes 20 de marzo: La necesidad de justicia
La ropa blanca de la inocencia era llevada por nuestros primeros padres cuando fueron colocados por Dios en el santo Edén. Ellos vivían en perfecta conformidad con la voluntad de Dios… Una hermosa y suave luz, la luz de Dios, envolvía a la santa pareja. Este manto de luz era un símbolo de sus vestiduras espirituales de celestial inocencia. Si hubieran permanecido fíeles a Dios, habría continuado envolviéndolos. Pero cuando entró el pecado, rompieron su relación con Dios, y la luz que los había circuido se apartó. Desnudos y avergonzados, procuraron suplir la falta de los mantos celestiales cosiendo hojas de higuera para cubrirse.
Esto es lo que los transgresores de la ley de Dios han hecho desde el día en que Adán y Eva desobedecieron. Han cosido hojas de higuera para cubrir la desnudez causada por la transgresión. Han usado los mantos de su propia invención; mediante sus propias obras han tratado de cubrir sus pecados y hacerse aceptables a Dios.
Pero esto no pueden lograrlo jamás. El hombre no puede idear nada que pueda ocupar el lugar de su perdido manto de inocencia. Ningún manto hecho de hojas de higuera, ningún vestido común a la usanza mundana, podrán emplear aquellos que se sienten con Cristo y los ángeles en la cena de las bodas del Cordero.
Únicamente el manto que Cristo mismo ha provisto puede hacemos dignos de aparecer ante la presencia de Dios. Cristo colocará este manto, esta ropa de su propia justicia sobre cada alma arrepentida y creyente…
Este manto, tejido en el telar del cielo, no tiene un solo hilo de invención humana. Cristo, en su humanidad, desarrolló un carácter perfecto, y ofrece impartimos a nosotros este carácter. “Como trapos asquerosos son todas nuestras justicias” (Isaías 64:6). Todo cuanto podamos hacer por nosotros mismos está manchado por el pecado. Pero el Hijo de Dios “apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en el” (Palabras de vida del gran Maestro, pp. 252, 253).
Cuando nos sometemos a Cristo… vivimos su vida. Esto es lo que significa estar cubiertos con el manto de su justicia. Luego, al contemplamos, el Señor no ve la vestidura de hojas de higueras, ni la desnudez y deformidad del pecado, sino su propio manto de justicia, que es obediencia perfecta a la ley de Jehová.
A todos Dios ha ofrecido la ayuda que vigorizará todos los nervios y músculos espirituales para el día en que llegue el tiempo de prueba que nos sobrecogerá a todos. Se me ha encomendado el siguiente mensaje: Cubrios con toda la armadura de la justicia de Cristo… Y, habiendo hecho todo cuanto esté de vuestra parte, tendréis la victoria asegurada. A cada alma se le ofrece la misericordiosa oportunidad de afirmarse sobre la Roca de los Siglos {Mi vida hoy, p. 321).
Muchos están engañados acerca de la condición de su corazón. No comprenden que el corazón natural es engañoso más que todas las cosas y desesperadamente impío. Se envuelven con su propia justicia y están satisfechos con alcanzar su propia norma humana de carácter. Sin embargo, cuán fatalmente fracasan cuando no alcanzan la norma divina y, por sí mismos, no pueden hacer frente a los requerimientos de Dios {Mensajes selectos, t. 1, p. 376).

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