Lunes 22 de septiembre: El propósito de la segunda venida de Jesús

El cielo reconoce las acciones humanas. El Señor contrasta el espíritu y el accionar del juez injusto con su propio accionar: “¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles? Os digo que pronto les hará justicia” (Lucas 18:7,8).
Estas palabras deber traer consuelo a los oprimidos. Dios escucha el clamor de sus hijos. Y Jesús les asegura que Dios no los ha olvidado; que los defenderá y vindicará su causa. Él ha sufrido en su favor; ha soportado el dolor de sus penas y aflicciones, y volverá para liberarlos. El pueblo de Dios, que sufre persecuciones por su fe, que es maltratado y burlado, puede ser tentado a pensar que Dios los ha abandonado. A los ojos humanos ellos son una minoría y parece que sus enemigos triunfan. Pero el Señor les da una señal de victoria cuando dice: “Yo habito… con el quebrantado y humilde de espíritu” (Isaías 57:15)…
Algunos preguntan: “¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos?” La respuesta es: ¡Sí!, los elegidos de Dios son objeto de su especial cuidado; los elegidos y fíeles, que claman día y noche ante él, son particularmente importantes para él. Mientras sufren pruebas y aflicciones, puede parecer que la respuesta a sus oraciones se demora largamente. Pero sus súplicas no se han hecho en vano, pues el Señor, cuando estén en el punto más crítico de sus pruebas, les hará justicia, incluso en formas inesperadas para ellos. No hay peligro que el Señor deje de escuchar las oraciones de su pueblo. El cumplirá su palabra. El peligro es que los que son probados y tentados se desanimen y dejen de perseverar en oración. Aun así, Dios hará justicia con ellos y con los que trajeron los males sobre ellos (Signs of the Times, 21 de mayo de 1896).
El cristiano no necesita contender por sus derechos. Dios tratará con el que viole esos derechos. “Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor” (Romanos 12:19). Se guarda un registro de todos estos asuntos, y por todo esto el Señor declara que él vengará. El traerá toda obra a juicio (Mensajes selectos, tomo 3, p. 343).

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