Notas de Elena | Lunes 23 de abril 2018 | El amor de Cristo | Escuela Sabática

Lunes 23 de abril: El amor de Cristo
Aunque la Palabra de Dios habla de la humanidad de Cristo cuando estuvo en esta tierra, también habla definidamente acerca de su preexistencia. El Verbo existía como un ser divino, como el Hijo eterno de Dios en unión y en unidad con el Padre. Desde la eternidad era el Mediador del pacto, aquel en quien serian bendecidas todas las naciones de la tierra, tanto judíos como gentiles, si lo aceptaban. “El Verbo, era con Dios, y el Verbo era Dios”. Juan 1:1. Antes de que los ángeles fuesen creados, el Verbo estaba con Dios, era Dios (El evangelismo, p. 446).
¡Pensad en lo que la obediencia de Cristo significa para nosotros! Significa que con la fortaleza de él nosotros también podemos obedecer. Cristo fue un ser humano. Sirvió a su Padre celestial con toda la fortaleza de su naturaleza humana. Tiene una naturaleza doble: es, al mismo tiempo, humana y divina. Es tanto Dios como hombre.
Cristo vino a este mundo para mostrarnos lo que Dios puede hacer y lo que nosotros podemos hacer en cooperación con Dios. Fue al desierto en la carne humana para ser tentado por el enemigo. Sabe lo que es tener hambre y sed. Conoce las debilidades y flaquezas de la carne. Fue tentado en todo como nosotros somos tentados.
Nuestro rescate ha sido pagado por nuestro Salvador. Nadie necesita estar esclavizado por Satanás. Cristo está ante nosotros como nuestro ejemplo divino, nuestro ayudador todopoderoso. Hemos sido comprados por un precio que es imposible de calcular. ¿Quién puede medir la bondad y misericordia del amor redentor? (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 6, p. 1074).
Al contemplar a Cristo, nos detenemos en la orilla de un amor inconmensurable. Nos esforzamos por hablar de este amor, pero nos faltan las palabras. Consideramos su vida en la tierra, su sacrificio por nosotros, su obra en el cielo como abogado nuestro, y las mansiones que está preparando para aquellos que le aman; y solo podemos exclamar: ¡Oh! ¡Qué altura y profundidad las del amor de Cristo! “En esto consiste el amor: no que nosotros hayamos amado a Dios, sino que él nos amó a nosotros, y ha enviado a su Hijo en propiciación por nuestros pecados”. “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, que seamos llamados hijos de Dios”. 1 Juan 4:10; 3:1 (Los hechos de los apóstoles, p. 268).
El amor de Cristo por sus hijos es tan vigoroso como tierno. Es un amor más fuerte que la muerte, pues él murió por nosotros. Es un amor más verdadero que el de una madre por su hijo. El amor de la madre puede cambiar, pero el amor de Cristo es inmutable…
En cada prueba tenemos consolación eficaz. ¿No se conmueve nuestro Salvador al comprender nuestras debilidades? ¿No ha sido tentado en todo como nosotros? ¿Y no nos ha invitado a llevarle cada prueba y perplejidad? Entonces no nos aflijamos por las cargas del mañana. Valerosamente y alegremente llevemos las cargas de hoy. Hemos de tener la confianza y la fe para hoy. Pero no se nos exige vivir más que un día a la vez. El que da fuerza para hoy dará fuerza para mañana (In Heavenly Places, p. 269; parcialmente en: En los lugares celestiales, p. 271).
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Notas de Elena G. de White
Lección 4: La salvación y el tiempo del fin
Para el 28 de abril de 2018
Escuela Sabática – Segundo trimestre 2018
PREPARACIÓN para el tiempo del fin

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