Notas de Elena | Lunes 23 de enero 2017 | Aspectos personales del Espíritu Santo – I | Escuela Sabática


Lunes 23 de enero:
Aspectos personales del Espíritu Santo – I

El que está en armonía con Dios y con su prójimo no sabrá lo que es la desdicha. No habrá envidia en su corazón ni su imaginación albergará el mal; allí no podrá existir el odio. El corazón que está de acuerdo con Dios participa de la paz del cielo y esparcirá a su alrededor una influencia bendita. El espíritu de paz se asentará como rocío sobre los corazones cansados y turbados por la lucha del mundo. Los seguidores de Cristo son enviados al mundo con el mensaje de paz. Quienquiera que revele el amor de Cristo por la influencia inconsciente y silenciosa de una vida santa; quienquiera que incite a los demás, por palabra o por hechos, a renunciar al pecado y entregarse a Dios, es un pacificador. “Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios”.
El espíritu de paz es prueba de su relación con el cielo. El dulce sabor de Cristo los envuelve. La fragancia de la vida y la belleza del carácter revelan al mundo que son hijos de Dios. Sus semejantes reconocen que han estado con Jesús. “Todo aquel que ama, es nacido de Dios”. “Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él”, pero “todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios” (El discurso maestro de Jesucristo, pp. 27, 28).
Nunca puede la humanidad de por sí alcanzar un conocimiento de lo divino. “Es más alto que los cielos: ¿qué harás? Es más profundo que el infierno: ¿cómo lo conocerás?” Únicamente el espíritu de adopción puede revelarnos las cosas profundas de Dios, que “ojo no vio, ni oído oyó, y que jamás entraron en pensamiento humano”. “Pero a nosotros nos las ha revelado Dios por medio de su Espíritu; porque el Espíritu
escudriña todas las cosas, y aun las cosas profundas de Dios”. “El secreto de Jehová es para los que le temen”; y el hecho de que Pedro discernía la gloria de Dios era evidencia de que se contaba entre los que habían sido “enseñados de Dios”. ¡Ah! en verdad, “bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás; porque no te lo reveló carne ni sangre” (El Deseado de todas las gentes, p. 380).
El caso de Ananías y Safíra era de lo más grave. Al retener parte del precio, mintieron al Espíritu Santo. Del mismo modo, la culpa pesa proporcionalmente sobre cada individuo que cometa ofensas semejantes. Cuando los corazones de los hombres han sido enternecidos por la presencia del Espíritu de Dios, son más sensibles a las impresiones del Espíritu Santo, y se resuelven a negarse a sí mismos y sacrificarse por la causa de Dios. Al brillar la divina luz en las cámaras de la mente con claridad y fuerza inusitadas, es cuando los sentimientos del hombre natural quedan vencidos y el egoísmo pierde su poder sobre el corazón y se despiertan los deseos de imitar al Modelo, Jesucristo, en la práctica de la abnegación y la generosidad. La disposición del hombre naturalmente egoísta se impregna entonces de bondad y compasión hacia los pecadores perdidos, y él formula una solemne promesa a Dios como la hicieron Abrahán y Jacob. En tales ocasiones los ángeles celestiales están presentes. El amor hacia Dios y las almas triunfa sobre el egoísmo y el amor al mundo. Esto sucede especialmente cuando el predicador, con el Espíritu y el poder de Dios, presenta el plan de redención, trazado por la Majestad celestial en el sacrificio de la cruz (Testimonios para la iglesia, t. 4, p. 461).

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