Notas de Elena | Lunes 25 de abril 2016 | Las fronteras de las tinieblas | Escuela Sabática
Lunes 25 de abril: Las fronteras de las tinieblas
Al principio, la obra es dura y lenta. Ahora es cuando todos deben poner el hombro para levantar la carga y llevarla adelante. Debemos avanzar, aunque tengamos delante el mar Rojo y montañas inaccesibles del otro lado. Dios ha sido con nosotros y ha bendecido nuestros esfuerzos. Debemos trabajar con fe. “El reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan” (Mateo 11:12). Hemos de orar, creer que nuestras oraciones son escuchadas, y entonces trabajar. Ahora la obra puede parecemos pequeña; pero debe haber un comienzo antes de que haya progresado. “Primero hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga”. La obra puede comenzar débilmente y su progreso por un tiempo puede ser lento; sin embargo, si se empieza de una manera saludable, habrá un progreso firme y, sustancial. Debe ponerse una norma elevada delante de aquellos que acaban de aceptar la fe. Ellos deben ser educados a ser cuidadosos en su habla y circunspectos en su conducta, dando evidencia de que la verdad ha hecho algo por ellos, y esparciendo así por su ejemplo la luz sobre los que están en tinieblas (Notas biográficas, pp. 327, 328). La gran crisis está por sobrecogemos. Para hacer frente a sus pruebas y tentaciones, para cumplir sus deberes, se necesitará una fe perseverante. Pero podemos triunfar gloriosamente; nadie que vele, ore y crea será entrampado por el enemigo… Hermanos, vosotros a quienes han sido reveladas las verdades de la Palabra de Dios, ¿qué papel desempeñaréis en las escenas finales de la historia de este mundo? ¿Comprendéis estas solemnes realidades? ¿Os percatáis de la gran obra de preparación que se está realizando en el cielo y en la tierra? Presten atención a las cosas que están escritas en las profecías todos los que han recibido la luz y que han tenido oportunidad de leerlas y oírlas; “porque el tiempo está cerca”. Nadie juegue ahora con el pecado, fuente de toda desgracia en nuestro mundo. Nadie permanezca ya en letargo y en el estupor de la indiferencia, ni deje que el destino de su alma dependa de una incertidumbre. Aseguraos de que estáis plenamente de parte del Señor. Preguntaos con corazones sinceros y labios temblorosos: “¿Quién podrá subsistir?” En estas últimas preciosas horas del tiempo de gracia, ¿habéis estado colocando el mejor material posible en el edificio de vuestro carácter? ¿Habéis estado purificando vuestras almas de toda mancha? ¿Habéis seguido la luz? ¿Habéis hecho obras correspondientes a vuestra profesión de fe? (Testimonios para la iglesia, tomo 6, pp. 404, 405). Mediante la historia y la profecía, la Palabra de Dios describe el prolongado conflicto entre la verdad y el error. Ese conflicto sigue en desarrollo. Las cosas que han acontecido volverán a repetirse. Revivirán antiguas controversias, y continuamente surgirán teorías nuevas. Pero el pueblo de Dios, el cual mediante sus creencias y su cumplimiento de la profecía ha desempeñado una parte en la proclamación de los mensajes del primero, del segundo y del tercer ángel, sabe dónde se encuentra. Tiene una experiencia que es más preciosa que el oro refinado. Debe permanecer firme como una roca, aferrándose al comienzo de su confianza hasta el fin (Mensajes selectos, tomo 2, pp. 124, 125).

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